GUÍA DE LA SEMANA SANTA DE SEVILLA

Y el jueves relució más que el sol

12/06/2020

Y el jueves relució más que el sol 3

Que lo que perdamos de esplendor y espectacularidad en las calles lo ganemos en alabanza al sacramento” decía el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, al inicio de la misa de celebración del Corpus Christi.

Sólo 611 personas pudieron acceder al templo mayor de Sevilla para asistir a la eucaristía del Corpus Christi, una celebración que estaba encomendada a los muertos por la pandemia, sus familiares y a los enfermos. También a todos los que han luchado en primera línea: sanitarios, UME, Protección Civil, Policía, Bomberos, Cruz Roja y Cáritas.

En la homilía, leída por el obispo auxiliar, se hacía hincapié en aprovechar la coyuntura. “Las circunstancias nos impiden acompañar al Señor por nuestras calles, otros años adornadas con sus mejores primores, convertidas en en un inmenso templo para gloria y honor del Señor sacramentado. Yo os pido que lo que perdamos en esplendor, lo ganemos en fervor, renovando nuestra fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía

El coronavirus ha obligado a cambiar las costumbres y las tradiciones. Tanto es así, que el propio arzobispo se lavó las manos con gel hidroalcohólico antes de empezar a bendecir el pan y el vino.

También ocurrió en el momento de darse la paz. Uno de los ayudantes de Asenjo dijo “daos fraternalmente la paz” y Luis Rueda, al quite, añadió “basta con una inclinación” siguiendo las indicaciones que desde la Conferencia Episcopal emitieron al inicio de la pandemia.

A la hora de comulgar explicaron cómo se ponen las manos para poder coger el Cuerpo de Cristo y llevarlo a la boca. Un repaso de lo que se aprendía en las clases para la primera comunión. También había una persona encargada de entregar las hostias consagradas ara celíacos. Para que nadie se quedase sin la comunión.

La procesión claustral discurrió con normalidad por las naves de la Catedral de Sevilla. El arzobispo iba escoltado por miembros de Cáritas y sanitarios.

Tras recorrer por el interior del templo metropolitano, el arzobispo de Sevilla llegó a un pequeño altar montado en la puerta de la Asunción para lo que sería el colofón de este anómalo Corpus Christi. Con la reja abierta, Asenjo bajó un escalón y bendijo a todo el pueblo de Sevilla

Duró poco más de 90 minutos. Un suspiro en comparación a las celebraciones que estamos acostumbrados.

La custodia de Juan de Arfe no recorrió ni un centímetro. Tampoco hubo más música que la del órgano y las voces del coro de la Catedral. No había estandartes de hermandades ni abanicos abiertos para sofocar la larga espera a pleno sol. De un problema, una oportunidad. Quizás este formato del Corpus Christi tenga más recorrido del que ha tenido hoy por el interior e la Catedral.

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