GUÍA DE LA SEMANA SANTA DE SEVILLA

[La Hiniesta] Antes de doblar la esquina

05/12/2020

Fuente: Hermandad de La Hiniesta

[La Hiniesta] Antes de doblar la esquina 1

 

“Escuché un ave cantar en el oscuro diciembre, una cosa mágica, algo dulce para recordar. Estamos más cerca de la primavera.”

Oliver Herford

       

Si diciembre fuera un color, admitiría toda la paleta, toda la gama cromática… El azul profundo de las noches de invierno largas que envuelven al solsticio, el blanco brillante de la Luz del mundo que va a nacer, el rojo carmesí de las flores de Pascua, el amarillo dorado de la estrella del árbol, el morado penitencial de los atributos de la liturgia, el color madera y chocolate del corcho del portal, de las nueces, del serrín en el zaguán, el verde trébol de la nave de la esperanza, el rosa inmaduro del domingo de Gaudete, y como no, el celeste puro del color del cielo sin mácula…

             Todo parecerá más prendido de magia, y no sabemos si es porque se acaba un ciclo, porque empieza otro… o quizá, más bien, porque se aproxima el hecho más importante de la historia de la humanidad, la venida de Dios hecho hombre para habitar entre nosotros. Por ello, el pájaro que canta nos parecerá prodigio, nos sonará a música, y entre la melancolía de los detalles se irá gestando una nueva primavera. 

         Como una canción bien aprendida desde pequeños, esos días de cristal que terminan el calendario evocan en nosotros el comienzo de la cuenta atrás, porque sabemos que el doblar la esquina del nuevo año, nos llevará a la gloria… Porque presentimos la primavera.

        Y pisamos ya, San Julián, deseando volver a ver a nuestra Virgen vestida impecablemente de celeste. Y se adornará el altar del mismo tono para celebrar otro ocho de diciembre, la Inmaculada Concepción de María presidirá en el presbiterio, y marcará el sentido de los días que se avecinan: María que va a parir a Dios en Belén, María que fue la única persona de la existencia universal que fue parida sin pecado original, sin mancha. María, mediadora, protectora, abogada y madre nuestra.

        En esa mañana de recuerdos celebraremos las bodas de oro, de los hermanos que cumplen cincuenta años, y este año –por las circunstancias especiales que atravesamos- los hermanos de boda de plata irán pasando delante de Ella durante los sábados que quedan hasta final de año. Días de gozo, días para felicitar, días de enhorabuena. En la iglesia estarán presente las familias de la Hiniesta, la Hiniesta de las familias,  y desde el cielo vendrá a acompañarnos, aunque no lo veamos, y aunque parezca invisible,  aquél que llevó de niño a presentar a su hijo a la Virgen, aquél que apuntó a su hija en la nómina de la hermandad en el kilómetro cero de su existir. Sí, estará, no faltará a la cita. Se sentirá orgulloso… Cerraremos los ojos… Y lo veremos feliz, lo veremos bienaventurado con la mirada inocente de la nostalgia. No puede ser, no podrá ser de otra manera…. Porque así son las cosas del alma.

 Este año añoraremos el rato de la Zambomba solidario, esos primeros compases de Navidad, a mitad del adviento, los abrazos, la convivencia y la confraternidad, que intentaremos y lograremos transmitir en la distancia. Pero lo que nunca cesará, porque el motor está lleno de combustible, es la fuerza de nuestra Caridad. Desde ese día celeste comenzará a crecer nuestro árbol solidario, el más bonito de todos, la recogida de alimentos para los que lo necesitan, el corazón cofrade latiendo fuerte…

 Será la hora de visitar belenes, y de acercarse a rendir homenaje a aquellas imágenes a las que besábamos las manos en diciembre. Sonará en lo hondo una mezcla popular de villancicos flamencos con sones cobalto de Bach o Haendel, porque nada impedirá el concierto eterno del oído de nuestro interior.

 Y llegará el día de la Esperanza, la expectación de María que suspira por cinco esquinas de nuestra ciudad eterna, para saber que el momento se acerca. Recordaremos la exaltación de la Navidad que nos pregonaba un miembro de nuestro grupo Joven, el día que coronaban a los Reyes Magos. Este año hubieran sido veinte ediciones, y las reviviremos por las redes sociales que nos llevarán nuestra Hermandad a casa –una vez más-. Y tres días después, echaremos de menos cruzarnos por alguna esquina de un centro abarratodo de luces y alhucema con la Virgen del Rocío, por los aledaños del Salvador, y las noches de viernes en nuestra casa de Hermandad abrigándonos del frío con tertulias de vivencias interminables.

 Y al amanecer siguiente, víspera de nochebuena, será el día de la Victoria, que bonito nombre para la inmediación de la llegada del Señor al mundo. La Victoria que hemos de tener en nuestra esencia, la pureza de los corazones limpios, el amor que mueve el mundo…

 Nos acercaremos a la misa del gallo en las naves frías de nuestra Parroquia, y junto a la Virgen del Rosario, no besaremos al niño, pero lo adoraremos, que es un verbo más certero, porque repetiremos el gesto de los magos y los pastores al Dios vivo, hecho carne, porque creemos en Él,

 Ha nacido el Cristo de la Buena Muerte. La Virgen de la Hiniesta Gloriosa, tiene a su niño en brazos. Es Navidad.

             Es Navidad en el mundo. Es Navidad en Sevilla, es Navidad en una iglesia cerca de la Puerta de Córdoba.

             Qué no falte la Paz. Qué no falte la Caridad en el mundo. Qué no falte la Caridad Azul y Plata, qué ninguna idea sea más importante, ni más valiosa en nuestra vida que asistir y ayudar al hermano que lo precisa… Qué no miremos a otro lado, cuando nos pidan auxilio… Qué seamos ese cartero real –que extrañamos- portador de buenas noticias al angustiado, al que está sólo, al que no tiene a quien acudir…Porque sólo así llegará la primavera a nuestro espíritu.

             Y cuando llegue el treinta y uno de diciembre, a las doce de la noche, cerraremos los ojos con la conciencia tranquila. Lloraremos. Daremos abrazos invisibles e imposibles. Y pensaremos que nuestro año no acaba ni empieza en ese instante. Porque para nosotros,  eso sólo ocurrirá cuando cerca de las tres de la tarde suene un golpe de llamador en el interior de un templo y entre sus naves suenen los compases de Hiniesta de Peralto.

  

Carlos Castro

Secretario Segundo

[La Hiniesta] Antes de doblar la esquina 2