Ego sum Resurrectio et Vita. Que traducido resulta: «Yo soy la Resurrección y la Vida». Y así fue en Carmona. Una vida en forma de luz espiritual que alumbró los corazones de los presentes, por primera vez, un Domingo de Gloria. Comenzó la mañana dominical con el traslado a San Bartolomé de los pasos de la hermandad de Nuestro Padre, que quedaron resguardados de la lluvia fina del Viernes Santo. La jornada se vestía de azul cielo. El sol apretaba lo justo para llamar a las puertas de los carmonenses y de decenas de turistas que quisieron visitar la ciudad en un día primaveral.

¿De dónde surge la idea del Resucitado? José Ignacio Arias, párroco de Santa María y San Bartolomé, cuenta que «preguntabas en las catequesis y misas a los más pequeños cuándo acababa la Semana Santa y todos decían que cuando se recogía el Santo Entierro. El domingo más importante para los cristianos estaba muerto en nuestra ciudad, algo triste». Y en esas que, con ese sabor agridulce, se reunieron los tres curas de las cuatro parroquias carmonenses para buscar una solución: Sergio García, de San Antón; Antonio Ceballos, de San Pedro, y el propio Arias. Los tres decidieron encargar la imagen de un Resucitado que procesionara por las calles de Carmona tras una eucaristía festiva por la mañana. Y así fue.

El imaginero encargado de realizar la imponente talla ha sido el cordobés Luis Agudo Pascual, uno de los mejores exponentes te la denominada Escuela Cordobesa. En ella, el artista ha intentado realzar la penetrante mirada de Jesús tras levantarse del sepulcro para comenzar a andar como Rey del Universo, tal como simboliza el lábaro que porta en su mano derecha. «He querido destacar su mirada, como los ojos de un padre que calman y llenan de fuerza a un hijo, dándole la paz, esa que Dios regaló a la humanidad, a través de Jesucristo Resucitado», reza en la reseña de su obra de sus propias palabras.

Tocaban las cinco de la tarde y la cruz parroquial abría un cortejo diferente, festivo en Santa María. Sabor a Glorias con resaca de Pasión. Tras ésta, las cuatro banderas neorrenacentistas realizadas por Manuel Perea, artista carmonense, que representan a las cuatro parroquias por orden de antigüedad y en las que aparecen los escudos de los titulares de las mismas, así como los de las hermandades y congregaciones de dichas feligresías. A ellos, se sumaban detrás miembros de la corporación municipal, hermanos mayores y religiosas de la ciudad, cerrando el cortejo el clero local (párrocos y diáconos) junto al presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías, Francisco Perea.

Cristo Resucitado fue portado por costaleros de diferentes hermandades carmonenses con Matute al martillo sobre el paso de María Auxiliadora, prestado para la ocasión por la Congregación Salesiana de la localidad. Tras el paso, sencillamente adornado con flores blancas y toques verdes, la agrupación musical Santísimo Cristo de la Bondad de Alcalá de Guadaira, que interpretó un repertorio en el que no faltaron clásicos como Alma de Dios, La Saeta, Eres de Todos o Himno de San Antonio, entre otras muchas.

El gentío se agolpaba conforme iba avanzando la tarde. Si la salida fue numerosa, tanto en el saludo a la parroquia de San Bartolomé como en San Pedro, donde no cabía un alfiler y se rezó el Credo junto al canto Juntos como Hermanos, el broche en San Antón fue bullicioso. La curiosidad de ver la nueva talla, así como la cantidad de familias que aprovecharon el último día de descanso, fueron claves. Y también numerosos creyentes que con alegría comentaban que «por fin Carmona tiene un Resucitado». Poco antes de las 21 horas, en las escalinatas de acceso a San Antón, última parroquia y Omega de la procesión que fue Alfa en Santa María, concluía un Domingo de Gloria único en la ciudad.

La talla gustó en su inmensa mayoría al pueblo de Carmona. Muchísimos turistas se sorprendieron que aún hubiera cofradías en las calles de la capital alcoreña, fuera de los programas oficiales. También para algún vecino despistado. Pero por encima de todo, nace un nuevo día marcado en rojo en el calendario cofrade carmonense. Todo gracias a tres sacerdotes que quisieron engrandecer el día más importante para los cristianos de la forma más sevillana posible.

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