Ambos miran con admiración la obra del otro. Uno desde la perspectiva del artista que, pese a estar casi empezando –sólo lleva cinco años como profesional–, ya puede presumir de una trayectoria aplaudida en el arte cofrade; el otro desde la perspectiva del aficionado que está aprendiendo a pintar pero que comparte su obra desde la humildad. José Tomás Pérez Indiano (Sevilla, 1991) ha pintado Victoria, la portada del Programa de Mano de El Correo de Andalucía. Víctor García-Rayo (Sevilla, 1969), sí, el periodista director y presentador de La Pasión, la mano del Señor de las Tres Caídas de la hermandad de la Esperanza de Triana, apoyada en la roca. En su «necesidad» por pintar, bien reconociéndolo «don de Dios», bien porque le aporta «felicidad», ambos se han volcado con los encargos del decano.

—¿Qué le ha supuesto este encargo?

V.G.-R.: A mí me hizo mucha ilusión. Porque era de la casa, porque tenía que ver con el Cristo de las Tres Caídas al que le tengo una gran devoción y porque tenía que ver con una parte de la anatomía, que José Tomás puede decir que es complicada, que además es un reto para mí: pintar una mano que no es una mano cualquiera, es una mano que sostiene tantas cosas, que está sobre el mundo, que se apoya en el pecado, en la falta de fuerzas… Está cargada de simbolismo.

J.T.P.I.: Ha sido un orgullo. No hay mayor reconocimiento para un artista que ver su obra en la mano de niños de cinco años, o personas con 80 años que van con el carrito al quiosco a comprar el periódico. Para mí es una satisfacción. Y más compartiendo cartel con Víctor. Para mí supuso superarme a mí mismo. En cada obra el nivel debe superarse y Victoria para mí ha sido un reto y es un orgullo pintarlo.

—José Tomás, ¿por qué eligió a la Virgen de la Victoria para esta portada?

—Por el tema de la coronación. Aparte creo que es una de las vírgenes que más unción sagrada tiene. No es una virgen niña, es una Madre llena de dolor, afligida y que sufre, pero con un sufrimiento contenido, como el de las madres, que siempre contienen el llanto en los labios. Ha sido una maravilla pintarlo.

—Víctor, ¿por qué elegiste la mano del Cristo de las Tres Caídas?

—Por todo lo que significa en mi vida. Y porque no me atrevo con una cara ni del Señor ni de su Madre. Por la fase de aprendizaje en la que estoy. Para pintar una cara hay que estar muy seguro de ti, en una cara un error hace mucho daño. Lo que ha hecho José Tomás es un prodigio. Que además, en su cuadro, no sólo pinta la cara de la Virgen de la Victoria. En ese cuadro hay un guiño precioso a Murillo con los ángeles, la luna a sus pies con la estrella, hay una dolorosa que resume en su cara la Semana Santa entera, hay un recuerdo a la tipografía a los boletines de los años 50, la Giralda desdibujada… Ahí dentro hay mucho de José Tomás. Yo no estaba seguro de pintar una cara. Y entre que a él le debo muchas cosas, que este año es muy especial para mí por motivos personales y quería que estuviera su manera de caer y no rendirse, pese a estar en el suelo, donde está erguido, es como está Él, con toda su honradez. Y aunque lo que le queda de vínculo con la tierra es una mano y una piedra, me dije, esto va a ser. Después me dijeron mis mayores lo difícil que es pintar una mano.

J.T.P.I.: Creo que la dificultad de una mano supera a veces la de un rostro porque un rostro tiene una fuerza y la expresividad que se quiera transmitir. Víctor ha transmitido esa fuerza y esa debilidad del hombre apoyado en esa piedra.

—Quería que cada uno explicara su cuadro, pero ya han explicado el uno del otro.

V.G.-R.: Solamente quería subrayar que cuando uno pinta algo no hay solo un retrato o una imagen, que lleva mucho de uno, que quiere además decir muchas cosas. Seguro que José Tomás no sólo quería pintar a la Virgen de la Victoria que es guapa, eso lo sabe Sevilla, sino que quiere expresar tantas cosas, contar tanto en esa pintura.. Es algo que he aprendido ahora. Yo, con esa mano, quiero expresar muchas cosas, quiero pegarme a Él y ser su portavoz, su herramienta, de lo que a Él le está pasando. Fíjate, la piedra me quedó muy grande y le puse un friso de claveles debajo como si fuera un paso. Fue un recurso pictórico.

J.T.P.I.: Además es un guiño que le has hecho a Garduño, a lo mejor sin querer.

V.G.-R.: Para ver esas cosas hay que ser artista. Yo no había caído en eso. Lo hice como recurso.

—¿Están satisfechos con el resultado?

V.G.-R.: Sí, por lo que me dicen las personas que lo ven. Es reconocible la mano. Además hemos acertado, sin buscarlo, en la túnica que va a llevar el Señor.

J.T.P.I.: Creo que sí, que el mensaje está claro. Desde el primer momento quise diferenciar entre cartelería cofrade y cartelería publicitaria cofrade. Esto es para un formato más pequeño y tiene que ser llamativo, atractivo, que quien lo vea se fije en los colores. Estoy contento con el resultado. Quien se fije en los ojos de la Virgen le pueden decir mil cosas… Hay quien me ha dicho que su abuela le reza a la Virgen en la portada.

V.G.-R.: A mí especialmente me ha impactado más de los ojos hacia abajo por la boca, el hoyito de la barbilla y los labios que contienen ese dolor.

—¿Qué ha sido lo más difícil?

J.T.P.I.: Era la primera vez que pintaba a la Virgen de la Victoria a lo que se une el hándicap de que era para El Correo de Andalucía, para distribuirlo por toda la ciudad, es un peso que intenté sobrellevar y salir airoso. Y manteniendo una conversación y hablando con ellos, en cada trazo.

V.G.-R.: Me dijo mi maestro Luis Rizo que no le pidiera tanto a la obra sino que el lienzo me lo iría pidiendo a mí. La pintura es la que te lo va pidiendo. Me costó encajar las piezas y las dimensiones en el plano pero creo que lo he conseguido pese a que le veo defectos por todas partes.

—¿Qué nuevo proyecto tienen entre manos?

V.G.-R.: Yo pinto como alumno, así que ahora voy a copiar un Sorolla, con sus trazos. Quiero seguir creciendo en la pintura y siendo feliz ese rato.

J.T.P.I.: Ahora tengo entre manos varios carteles, entre ellos una lámina de contenido taurino para El Correo para el Domingo de Resurrección. Además en feria llevo los programas taurinos de cada uno de los días en la Maestranza. Gracias a Dios, esta Cuaresma hemos tenido mucho trabajo para todos. Y lo bonito que es alegrarse de las cosas buenas de los compañeros. Se trata de admirar el arte, porque si nadie lo admira se queda vacío.

—¿Debería el Consejo pagar por el cartel de la Semana Santa?

J.T.P.I.: Sí, sí. Estamos muy mal acostumbrados: si haces tu casa, los albañiles cobran porque tienen familia, hipoteca, coche… y los artistas también salimos, comemos, tenemos casa, familia. De manera que necesita ser remunerado. El cartel es un trabajo de muchos meses que te quitas de familia, de amigos, para que Sevilla tenga un cartel a la altura y creo que tiene que ser remunerado. La repercusión que te da el cartel tendría que ser también pagando. Y que los propios pintores dignifiquemos este cartel.

V.G.-R.: Estoy de acuerdo con él en cuanto a la pintura. Pero no el pregón. Fíjate que yo me dedico a escribir. Incluso si fuera una fotografía se debería pagar.

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