La calle San Vicente volvió cuatro siglos atrás, pero a todo color, porque si la imagen del Santo Sudario portado en andas nos retrotraía al blanco y negro, cuando no al sepia, el exorno floral de ambos pasos a cargo de la Floristería Añil, en tonos blancos, cremas y amarillos en el palio, y rojo, rosa y morado en el paso de Cristo teñían el cortejo de color. Qué maravilla y cuánta originalidad para agasajar al Cristo del Buen Fin y Nuestra Señora de la Palma Coronada.

Precisamente quien la coronó, como cada año, no faltó a su salida. El cardenal emérito de Sevilla, Fray Carlos Amigo Vallejo, estuvo allí e incluso pudo contemplar de cerca y temprano este Miércoles Santo la réplica de la Sábana Santa.

A las cinco en punto de la tarde se ponía en la calle la cruz de guía que bien pudieron contemplar los, en principio valientes, que se habían situado frente a las puertas de la iglesia de San Antonio de Padua cuando aún estaban en la acera de sol. Pero debían ser veteranos y saber muy bien que media hora antes de la hora citada, y cuando en la acera de sombra no cabía un alfiler, la propia pared exterior del templo les aliviaría quedándose a tiro de mano de ambos pasos.

El primero en salir fue el Santo Sudario, antes del estandarte de la hermandad franciscana, y a continuación lo hizo el crucificado. Quince minutos de parón sufrió el paso nada más salir a la calle San Vicente. Y es que, tanto desde encima del paso como desde abajo intentaban por todos los medios elevar la cruz, y la cruz no subía. Zarandeado, con cuidado claro, al Cristo.

Hermosa revirá hacia la calle Alcoy para encaminarse hacia la parroquia de San Lorenzo donde le aguardaba también numeroso público mientras saludaba la cofradía a las tres hermandades de la plaza: Dulce Nombre, Gran Poder y Soledad, antes de dirigirse a la carrera oficial por Jesús del Gran Poder y Duque.

El siempre sorprendente palio de la Virgen de la Palma volvía a llamar la atención y a resplandecer como siempre, o incluso más, con esas flores de tonos claros en claro contraste con el terciopelo del paso. Con Campanilleros muy lentamente y tras sortear no sin dificultad las dos puertas de San Antonio de Padua iniciaba la primera revirá, la que situaba el palio para avanzar por San Vicente, poco a poco con más brío, pero sin perder en ningún momento su elegancia. Desde los balcones, antes de dirigirse a Alcoy una gran petalada despedía a la Nuestra Señora de la Palma de su calle.

En su recorrido, o al menos en el corazón de todos quienes componían el cortejo, estuvo siempre presente al Centro de Estimulación Precoz Cristo del Buen Fin, que este año ha inaugurado nuevas dependencias en el antiguo convento de San Antonio de Padua, y cuyos niños oraron ante las imágenes.

Ellos nunca están solos. El Cristo del Buen Fin y su bendita Madre siempre están a su lado. Junto a todos los hermanos y devotos de esta cofradía, ejemplo de la labor social que ejercen las hermandades de Sevilla.

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