La iglesia gótico mudéjar de Santa Catalina de Sevilla, declarada monumento nacional en 1912 y Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1985, reabre sus puertas este domingo tras permanecer más de 14 años cerrada al público. En la tarde del sábado la imagen de Santa Lucía ha sido trasladada ante una amenaza de lluvia permanete a el remozado templo. En la tarde de hoy, se procedió al traslado de las imágenes titulares de las hermandades con sede en Santa Catalina, como son Nuestra Señora del Carmen y también, Santa Lucía y la corporación de la Exaltación, así como de la cruz parroquial desde la iglesia de San Román. Estos traslados fueron escalonados a lo largo del día, desde las 10,00 horas, con la salida de la cruz parroquial.

La mañana del domingo, a las 10,30 horas, habrá un bando anunciador de la inauguración del templo, a cargo de la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús de la Salud. En la misa intervendrán la Coral Polifónica Isla Cristina y la Polifónica de Tomares, bajo la dirección de Virginia Peña y Vicente Sanchís.

Según informa la Archidiócesis de Sevilla, cuando el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, consagre el altar de este templo el domingo, se culminará “un largo proceso que ha mantenido en el centro de la atención mediática y ciudadana a una iglesia con una gran carga espiritual, histórica y cultural”.

Así, Santa Catalina vuelve a abrir sus puertas “gracias al esfuerzo realizado en su mayor parte por la Archidiócesis”, si bien la conclusión de las obras no será efectiva hasta que se cierre el canal perimetral que resguardará los muros centenarios del templo frente al peligro de la humedad.

El 29 de mayo de 2004, la Archidiócesis de Sevilla decretaba el cierre al culto de la iglesia de Santa Catalina. El entonces párroco, Antonio Hiraldo, dio la voz de alarma y los primeros estudios alertaron del mal estado de las cubiertas. Desde entonces hasta hoy han pasado 18 años y medio, “un largo período de tiempo en el que este emblemático templo, una auténtica joya del mudéjar, ha permanecido ajeno a la vida pastoral, cofrade y cultural de la ciudad”.

Los primeros movimientos que se llevaron a cabo en este templo de 900 metros cuadrados estuvieron encaminados a obtener una información acerca de las patologías que pudieran afectar al edificio. Como medida de urgencia, se protegieron los retablos, se apuntaló la iglesia y se colocó una cubierta provisional.

Precisamente, la instalación de la nueva cubierta fue el objetivo de la primera fase de obras. Una vez asegurada la techumbre, el templo se sometió a un exhaustivo examen que descartó movimientos en los pilares, ya con el arquitecto Francisco Jurado a frente de dirección facultativa. A partir de ahí, los trabajos se dirigieron tanto a la fachada como al interior de la iglesia.

Recuerda que el hallazgo arqueológico en el subsuelo ha sido una de las noticias más llamativas que ha deparado esta obra y, como se adelantó en su día, la cripta de Santa Catalina podrá visitarse. Las conclusiones que se derivan de estos hallazgos han servido para perfilar la historia de una zona de la ciudad en la que se han asentado diversas culturas, desde la dominación romana hasta nuestros días. En este sentido, el proceso recuerda a lo que sucedió en su día durante la restauración de la iglesia colegial del Divino Salvador.

Sin embargo, indica que los descubrimientos relacionados con la historia y la riqueza patrimonial del templo no se limitan a lo hallado en el subsuelo. Explica que la iglesia “debió tener una importante decoración pictórica durante la etapa gótica, y prueba de ello es tanto la representación de San Pedro recuperada en el atrio noroeste como los vestigios de decoración figurativa localizados en el camarín”.

Finalmente, la última fase, consistente en la terminación del interior y la adecuación de los bienes muebles, ha sido la más costosa de todas, “en torno a un millón y medio de euros aportados en su totalidad por la Archidiócesis”.

Cuando se celebre la misa de inauguración del templo y consagración del altar, quedarán pendientes unas actuaciones muy concretas y señaladas en el exterior: la cámara bufa en parte del perímetro de la iglesia y el adecentamiento final de la fachada. Este canal que rodea el templo resulta fundamental para frenar los efectos de la humedad sobre el edificio.

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