Un aparatoso cuerpo de andamios de 7,5 metros de altura por 4,5 de ancho ocupa desde este lunes el altar mayor y el presbiterio de la capilla de los Ángeles de la hermandad de Los Negritos. La corporación de la calle Recaredo ha dado inicio a los trabajos de restauración de las pinturas murales que decoran su capilla, una intervención que se prolongará durante aproximadamente cuatro meses y que coordinará el conservador y restaurador de obras de arte Carlos Peñuela en colaboración con la también restauradora Ana Marín López. Las pinturas objeto de intervención llevan la firma de Rafael Rodríguez Hernández –el mismo autor de las pinturas murales de la Basílica de la Macarena– y fueron realizadas entre diciembre de 1974 y julio de 1975.

Los trabajos se realizarán en dos fases, de manera que mientras que se esté interviniendo en el altar mayor, las imágenes se han dispuesto a modo de Calvario en el altar del Crucificado de la Fundación, con la dolorosa a los pies del Cristo. La duración prevista para esta primera fase será de dos meses y medio, para posteriormente intervenir durante mes y medio sobre la bóveda y el falso cupulín del altar lateral del Cristo de la Fundación. Aunque la antigüedad de las pinturas no alcanza todavía el medio siglo, lo cierto es que sí se encuentran muy afectadas por la humedad de la capilla, de ahí que antes de acometer esta intervención hayan sido necesarios la eliminación de humedades y el secado de las zonas murales, al mismo tiempo que se han impermeabilizado los tejados de la capilla y reparado las grietas.

En los muros laterales del presbiterio el pintor Rafael Rodríguez Hernández (1921-2003) plasmó dos grandes escenas marianas, la Anunciación de la Virgen y la Asunción de Nuestra Señora, en los lados del evangelio y la epístola, respectivamente, ambas con unas medidas aproximadas de 3,50 de ancho por 4,80 metros de alto. Escoltada por los retratos de los cuatro evangelistas, en la bóveda del altar mayor, con unas dimensiones de 4,94 por 3,50 metros, se incorporan las pinturas de los escudos del cardenal Gonzalo de Mena y Roelas, fundador en 1393 del hospital para negros que da pie a la creación de la hermandad, y el de la sede, con la Giralda escoltada por dos azucenas.

Para los cultos de la Virgen de los Ángeles en agosto la capilla habrá recuperado entonces todo su esplendor.

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