Carlota había puesto como primer regalo en su carta a los Reyes Magos pedir la venia de su hermandad, el Amor, en la Campana. Y Sus Majestades los Reyes se encargaron ayer de que ella cumpliera su deseo. Las previsiones meteorológicas auguraban lo peor, pero la jornada fue abriendo y, pese a los retrasos en las salidas de las primeras hermandades de la jornada, el Domingo de Ramos transcurrió con el esplendor que se le supone.

La detención de Puigdemont en Alemania quedó en segundo o tercer plano en Sevilla –sólo como protagonista de memes cofradieros–. Lo único que importaba ayer era qué hermandades salían o cuáles habían pedido retraso. La situación en Cataluña sólo se recordó en la dedicatoria de alguna levantá por la unidad de España, precisamente en el interior de la parroquia de San Sebastián, ante el palio de la Virgen de la Paz, la primera cofradía en salir, pese a pedir una hora de retraso.


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Sí, pese a la mañana gris y lluviosa, el cambio horario que restó una hora al sueño, el repique lacónico de la Giralda, las procesiones de palmas bajo la lluvia o en el interior de los templos, el Domingo de Ramos se estrenó en el Porvenir. La junta de gobierno pidió una demora de media hora y, concluida esta, una segunda media hora. A las 14 horas, cuando había escampado definitivamente, se abrieron los cerrojos del portón lateral del templo. Ya no aguardaba Alex Ortiz en el balcón de la casa hermandad para cantarle la tradicional saeta porque la cofradía tenía prisa: tenía que estar a su hora en la Campana y acortaría el recorrido, renunciando al Postigo y optando por recorrer parte de la zona vallada de la Avenida de la Constitución, tomar por García de Vinuesa y alcanzar la Plaza Nueva por la calle Fernández y González –recorrido por el que ya pasaba hace 25 años–. El Señor de la Victoria, con la túnica burdeos bordada y mantolín azul, en su paso exornado por lirios cruzó el parque, expresamente abierto para su cortejo tanto a la ida como a la vuelta –el Cecop lo había cerrado por seguridad ante las rachas de viento–, casi como una exhalación. Antes de salir, Ernesto Sanguino, el capataz, quiso recordar al costalero que falleció el pasado jueves en un accidente de tráfico, y a Manuel Santiago, el capataz que creó esta cuadrilla conocida como los Legionarios del Porvenir.

Mientras tanto se preparaba Jesús Despojado. También en Molviedro se pidió media hora de demora y se decidió cambiar el recorrido de acceso a la Carrera Oficial con la intención de facilitar la llegada de La Paz. Así, la cofradía del antiguo Compás de la Laguna tomó por O’Donnell hasta la Campana, en lugar de por Rioja y Velázquez. Y casi que ambos cortejos llegaron.

Y es que Carlota Laguillo Prieto, con solo 11 años, cumplió su cometido, y su deseo, pero con cierto retraso, porque también el cortejo de los niños de la Borriquita pospuso unos minutos su salida para asegurarse que pasaba de largo la lluvia débil que empezó a caer en la plaza del Salvador a la hora que la cruz de guía debía pisar la rampa. Azahar perfumaba, de forma excepcional, el paso de la Sagrada Entrada a Jerusalén, en este año en que la Archicofradía del Amor celebra el 400 aniversario de su fusión, cuando coincidieron en el templo de Los Terceros.

Precisamente desde este templo, pese a las obras que tiene exiliada durante el curso a la hermandad en la parroquia de San Román, llegó el cortejo de la Sagrada Cena. Esta hermandad salió a su hora pero acortó su recorrido por Alhóndiga y Almirante Apodaca, en lugar de pasar por Gerona y Doña María Coronel. Iluminado por los faroles en las cuatro esquinas, con un llamativo banquete para la Última Cena sobre la mesa, una jarra y palangana de barro dispuesta, con un mantón a forma de toalla, para el lavatorio de los pies, el Señor llevaba este año las manos originales que le hizo su autor, el imaginero Sebastián Santos. La voces de la Escolanía de María Auxiliadora, como ya es tradicional, acompañaban al paso del Señor de la Humildad y Paciencia, que no defraudó con su exorno floral, de carácter asilvestrado compuesto por: iris morado, delphinium anigozanthus, tulipán, freesias gloriosas, rosas minis, eringyum, cardos, maranta, esparraguras meyer, tagarninas seca y orquídea vanda. Con el palio exornado con unos clásicos claveles rosas, la Virgen del Subterráneo llegó a la Campana con los sones de Soleá dame la mano, composición de Font de Anta que este año cumple un siglo.

La Hiniesta pidió también media hora de demora para su salida. Pasada la llovizna, la cofradía se puso en la calle. La conjunción de la interpretación de Alma de Dios por parte de la Agrupación de María Magdalena de Azahar y la cuadrilla que manda Ramón Ariza regaló uno de los momentos más exquisitos ayer en la Campana. Detrás, la Virgen de la Hiniesta, que llevaba prendida en su saya la Medalla al Mérito en el Trabajo de Castillo Lastrucci, su autor, con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento, conquistó con su elegancia al público de la Campana, donde, ya llegando a Sierpes, recibió una petalada de sus jóvenes. En la antepresidencia, el alcalde, Juan Espadas; el concejal de Movilidad, Seguridad y Fiestas Mayores, Juan Carlos Cabrera; los concejales del PP, Beltrán Pérez y Amidea Navarro, y Javier Millán, de Ciudadanos, conformaban la representación municipal en este cortejo, ya que la Hiniesta Gloriosa es la patrona de la corporación municipal.

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