Algunos lo habían visto en la calle el Domingo de Ramos, otros sólo «por la tele», pero para la inmensa mayoría era la primera vez que lo tenían de cerca. «¿Todas las imágenes son niños?» o «le he dado también un beso a la burra, es chulísima». Fueron las entrañables impresiones que dejaron los más de mil alumnos de centros escolares de Sevilla que han participado este viernes en el besapiés extraordinario del Señor de la Sagrada Entrada organizado por la Archicofradía del Amor dentro del IV centenario de la fusión.

En la plaza, la familia Mendoza comenzaba a desplegar la mítica rampa, cuando llegaban las primeras filas de devotos de uniformes de cuadros y mochilas a la espalda. Lo hacían tras haber visualizado antes el audiovisual IV siglos de Amor en la Sala Chicarreros de la Fundación Cajasol. «Hemos estado en el cine de la Semana Santa. Hemos visto una peli de la Borriquita y su hermandad», resumía Pablo, de diez años, que no perdía ojo a los tablazones de madera que iban engarzándose sobre la escalinata de la colegial mientras los profesores, Alfonso, María José y Susana, preparaban la entrada al templo de los distintos grupos de 4º, 5º y 6º de Primaria del colegio San Francisco Solano de Nervión.

La excursión cofrade por el interior del Salvador discurría por la nave de la izquierda, pasando por el lateral del paso del Cristo del Amor y las traseras de los palios del Socorro y Pasión, perfectamente montados a falta de la subida de las respectivas dolorosas. «¿Estos cuándo salen? ¿Cómo puedo salir de nazareno?», iban preguntándose los pequeños de entre 10 y 12 años. La primera parada fue ante el altar mayor, donde se disponía la imagen del Señor de la Sagrada Entrada, rodeado por los cinco niños hebreos del paso de misterio, en un cuidado montaje con palmas rizadas. Uno a uno fueron pasando por el besapiés los 65 niños del San Francisco Solano. Algunos requirieron de otros brazos para llegar a los pies, «alzados y calzados», del Señor. También hubo quien mostró especial cariño con la imagen de la burra, dejando un beso en sus patas delanteras. «Me ha gustado mucho. Le he pedido por mis abuelos», decía Manuel mientras que su compañero de pupitre recogía un tríptico con oraciones básicas del cristiano, como el Padre Nuestro o el Ave María, adaptado para los niños que ha editado para este acto la hermandad en colaboración con la CEU-Sevilla. «Les ha sorprendido todo. ¡Mira lo callados que están y las caras que tienen!», subrayaba la profesora María José, mientras que ayudaba a un hermano del Amor a organizar la improvisada clase de historia en base a un cuestionario distribuido a modo de tarjetas con preguntas y números entre los menudos asistentes. «A ver la número cuatro: ¿Qué ave lleva el Cristo a sus pies y qué significado tiene?»; o «La pregunta cinco: ¿Nos podía contar la historia de la leyenda de la herida de Amor?». Alberto, Caro, Francisco… atendían a las explicaciones sin pestañear. «Para ellos es una experiencia, porque no todos tienen una base familiar de Semana Santa. De salir con sus padres a ver los pasos. Es una excusión a nuestras tradiciones», reconocía Susana, otra profesora.

El ex hermano mayor, Pepe Álvarez, hacía de guía para el grupo de alumnos del CEU-Sevilla. «Estamos celebrando el IV centenario de la fusión. Muchos hubieran optado por una salida extraordinaria, nosotros vamos a celebrarlo con actos como este», relataba al pie del Cristo del Amor tras haber comenzado con un Padre Nuestro. Uno de los niños, Alberto, lo recogía todo en su tablet. También una entrevista a Pepe Álvarez. «Es para el periódico del centro», aclaraba Rafael Barea, jefe de Estudios del colegio. Sin que nadie lo esperaba, una niña del colegio de educación especial Pablo Montesino cantaba una saeta. «Ha sido muy emocionante», confesaba el hermano mayor, Fernando Mora-Figueroa, mientras ayudaba a estos pequeños a bajar la escalinata del altar del besapiés. Y es que como apuntaba el comisario del IV centenario, Joaquín Ruiz, «todos hemos vuelto a ser niños con los niños». La Borriquita, una vez más, se revalida como cantera inagotable de cofrades.

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