Trece minutos antes de las dos de la tarde se abrió el día. Como si de un milagro se tratase, el Señor de la Victoria venció y el Porvenir brilló entre nubes y sol. Contra pronóstico, porque quien miraba al cielo no lo veía claro. Pero venció el «Señor de los ejércitos» de esta hermandad de origen castrense con la «mítica Legión del Porvenir, los legionarios del Porvenir», como les dijo su capataz, Ernesto Sanguino a las puertas de San Sebastián.

Un día como el de ayer, pero de hace 40 años, se fundó su cuadrilla. 40 Domingos de Ramos abriendo la Semana Santa sevillana, 40 siguiendo las enseñanzas de su «capitán general», Manolo Santiago, «nuestro maestro», añadía Sanguino, que cuando le tocó el turno a María Santísima de La Paz le dedicó el esfuerzo al compositor Pedro Morales, en otro gesto que adornó un inicio de estación con un cielo azul, nubes blancas y gotas de lluvia que salpicaban del cielo como si tampoco se quisieran perder la salida de Nuestro Padre Jesús de la Victoria y María Santísima de La Paz.

Sólo faltó el arco iris para pintar una estampa donde «hubo Paz y después, gloria».

Los hermanos de la cofradía de las imágenes de Antonio Illanes llegaron a este Domingo de Ramos con la tristeza causada por la muerte de Luis Rioboo –el que fuera Mayordomo– en un accidente de tráfico, planificaron un plan B para luchar contra el viento y, finalmente, tuvieron que lidiar estoicamente con una lluvia que empapaba a nazarenos y músicos en el atrio de la parroquia de San Sebastián. Fueron momentos de incertidumbre, de pena, de nervios. Un cuarto de hora de retraso, media hora… salimos a las 14 horas.

LA NUBE QUE NO SE MUEVE

Y así fue, porque ni había viento que impidiera el cierre del Parque de María Luisa ni lluvia que dejara el barrio entre más lágrimas. Y es que no había aviso de lluvia, pero las nubes no se marchaban. «Tiene que ser por la falta de viento. Mira, en el móvil se ve una nube y no se mueve. Y no hay más. Que se vaya ya», pidió Manuel Chacón, el capiller, a la reina del Porvenir. Y le escuchó. Chacón recordaba que en los últimos años no habían tenido ninguna incidencia con la lluvia, aunque las precipitaciones sí llevaron a sus imágenes a refugiarse en el Arquillo del Ayuntamiento hace cuatro.

Y quien no se refugió en ningún sitio, sólo en su paraguas, quien no movió ni un centímetro su silla de ruedas en las casi dos horas que estuvo bajo la intermitente lluvia fue María del Carmen Peral. Con 92 años asegura, Domingo de Ramos a Domingo de Ramos, que este será el último. Pero no lo dice con mucha convicción porque apostillaba: «El año que viene me traigo una radio para ir conociendo de primera mano cuánto se retrasa si también llueve». El marido de María del Carmen Peral fue uno de los fundadores de la Hermandad de La Paz, Francisco Torres, y, «por ser mujer», dijo ella, «sólo» lleva unos 50 años de hermana. «Sólo». Ella hubiera querido que fueran más. Y lo serán porque lo suyo ayer fue una demostración de valor.

Ella hubiera querido ser hermana de La Paz desde que nació, como Ulises Bidón, nacido entre Río de la Plata y Montevideo, frente a la hermandad, en el chalé más antiguo del barrio. Ayer daba una clase magistral de historia del barrio e ironizaba con la no presencia del ministro Juan Ignacio Zoido –sí estaba el delegado del Gobierno, Antonio Sanz–. «Estará liado con la detención de Puigdemont en Alemania», vaticinaba este vecino, muy emocionado por la salida in extremis de María Santísima de La Paz y Nuestro Padre Jesús de la Victoria por el antiguo barrio de San Sebastián.

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