Pleno, como casi esta Semana Santa en la que sólo la cofradía de Los Gitanos no pudo llegar a la Catedral. Así fue el Sábado Santo sevillano, día para disfrutar de la impronta y la particular idiosincrasia de sus cinco cofradías.

Desde el año 2010 el telón de este Sábado Santo se abre en el Plantinar, un barrio que se viste de fiesta para despedir a la cofradía más novel de la nómina. La banda Varón de Dolores, la juvenil del Sol, causa baja de última hora y son los sones de la agrupación musical Santa María de la Esperanza de Fraternitas, el proyecto fraguado por Maruja Vilches en el Polígono Sur, los que abren este cortejo de nazarenos de ruan verde y altos capirotes. Quizá este estilo musical no cuaje mucho con la impronta estética de este singular y severo cortejo. La del Sol es una hermandad muy identificada con las donaciones de órganos desde sus primeras estaciones de penitencia. A la salida del paso del Varón de Dolores de su capilla toca el martillo Carlitos, un pequeño nazareno del Sol que está esperando un órgano. Los dos pasos de la cofradía se levantan por «los que se van al cielo dejando vida aquí en la tierra» en una salida de la que es testigo el doctor José Perez Bernal. Son 152 las papeletas de nazarenos que se han expedido este año en El Plantinar, un cortejo que debe aspirar a seguir creciendo. Primorosos los exornos florales de ambos pasos. El Cristo Varón de Dolores se abraza a la cruz sobre un monte agreste de flores. El palio de la Virgen del Sol sufrió un ligero percance poco después de la salida. En una levantá el paso perdió una esquina de madera de la crestería delantera del palio. Por este motivo, desde la calle Camilo José Cela todas las levantás del paso se realizan a pulso aliviado. En la Campana, el paso de la Sagrada Conversación se levanta en recuerdo y dedicatoria del pescaíto Gabriel, «un angelito más que llevamos en el techo de aplio este año», recuerda el capataz de un paso que avanza por la calle central de la plaza de la Campana a los sones de Saeta Cordobesa.

Con la cola al brazo, empuñando cera de color tiniebla, los enlutados nazarenos de Los Servitas dibujan algunas de las mejores estampas de este Sábado Santo cuando la cofradía de tambores roncos y destemplados discurre sigilosa y bañada por el sol por ese dédalo de calles que le conducen hasta el convento de Santa Ángela de la Cruz. Bajo el antifaz cortado al verduguillo, muchos de estos nazarenos de cirio al cuadril, dejan asomar sus medallas de cordón rojinegro. El misterio servita sale y entra de su capilla a los sones de La muerte de Ase. Las notas lúgubres del segundo movimiento de la Suite Peer Grynt, del noruego Edward Grieg, se han convertido en la mejor banda sonora para el conjunto escultórico que conforman la Virgen de la Piedad y el Cristo de la Providencia, máxime cuando es la Banda de Nuestra Señora del Águila de Alcalá de Guadaíra la que desgrana la interpretación de esta adaptación a marcha procesional de esta obra sinfónica. Muy llamativo por su belleza, el exorno floral con calas blancas del palio de la Virgen de la Soledad. En el centenario de la composición de Manuel Font de Anta, el último palio de cajón de la Semana Santa sale de su capilla y discurre por la Campana a los sones de la marcha Soleá dame la mano.

Desde la Ronda histórica se encaminan a la Catedral los nazarenos de cruz trinitaria al pecho que traen consigo el último aliento de barrio de la Semana Santa. La hermandad de la Trinidad reúne cada año en su cortejo a lo más granado de las formaciones musicales para acompañar a sus pasos: Cigarreras en el Decreto, Tres Caídas para el misterio de las Cinco Llagas y la Oliva de Salteras tras el palio. Para el primero de los pasos, bellamente conjuntado con una variedad de flores blancas, suena la marcha Sagrado Decreto cuando el paso se dispone a embocar la calle Sierpes. Un músico de la primera voz de cornetas de las Cigarreras trae en brazos a su pequeña, de tan sólo unos meses, vestida con la misma levita gris que distingue el uniforme de esta banda. Sones más clásicos acompañan el misterio de las Cinco Llagas, cuyo paso sale por vez primera dorado por entero. Una monumental lluvia de pétalos, lanzada desde los altos del edificio del Ocaso, recibe a la última Esperanza de Sevilla a su llegada a la Carrera Oficial. Para la dolorosa de Astorga suenan las marchas Esperanza Trinitaria de Pantión y Virgen de las Aguas en sus primeros compases por la Carrera Oficial.

Dos servidores librea portando faroles de mano y seis bocinas abren la extensa comitiva cívico religiosa del Santo Entierro, con estos característicos nazarenos de ropón negro. El paso alegórico de la Canina accede a la Campana atravesando la alfombra de flores multicolor que ha dejado como rastro el tránsito de la Virgen de la Esperanza de la Trinidad por este punto. Y tras la estela del pasito gótico de la Canina, cuyo llamador continúa instalado en la zambrana del paso, las representaciones de las hermandades de penitencia sevillanas, que en su mayoría se ajustan a la limitación numérica recomendada por la hermandad de estandarte y cuatro varas. Son 64 las hermandades de penitencia que deberían estar presentes, pero no figuran todas. El cronista se entretiene en contar presencias reparando en las ausencias. De las diez hermandades de vísperas, este año no procesionan en el cortejo del Santo Entierro la cofradía del Cristo de la Corona; del Domingo de Ramos se echan en falta los nazarenos de La Cena y San Roque; de las del Lunes Santo no se divisan los estandartes de Santa Marta, Vera-Cruz, Las Penas de San Vicente y las Aguas; en el Martes Santo, las represetaciones figuran respetando el nuevo orden de la nómina de la histórica jornada a la inversa: faltan, no obstante, los nazarenos de Los Estudiantes, Los Javieres y la Bofetá; en el Miércoles Santo se echan de menos las representaciones de San Bernardo, La Lanzada y Cristo de Burgos; del Jueves Santo no figuran el cortejo los estandartes de la Quinta Angustia y de Pasion; las tres de negro faltan en la Madrugá; mientras que del Viernes Santo se contabilizan las ausencias de La O, San Isidoro y la Sagrada Mortaja. La Banda Sinfónica Municipal de Sevilla interpreta Amarguras cuando el paso del Cristo Yacente se adentra en la plaza de la Campana. Tras la Urna, seis servidores de librea portan un palio de respeto, al que sigue el zapateado marcial de la escolta de romanos, integrada por 15 miembros. La tarde se vuelve fresca cuando el paso del Duelo accede a la Carrera Oficial a los sones de Virgen del Valle.

Una sensación de congoja y nostalgia invade el alma del sevillano cuando los fotogénicos nazarenos albinegros de la Soledad de San Lorenzo discurren por la plaza de la Campana, una cofradía en cuyas filas se integran numerosos niños. La voz de los Ariza es la mejor banda sonora del paso de la Soledad, bellamente exornado con un friso de rosas blancas y hojas de magnolios. Los Ariza se afanan por encender los numerosos puntos de luz de unas andas que constituyen todo un símbolo de la Semana Santa. Suena la saeta en la voz de Jesús Heredia: «Soledad de San Lorenzo/ del cielo rico tesoro/ eres la Paloma Blanca/ divino broche de oro/ que cierra la Semana Santa». Y a medida que su paso se aleja, más se ahonda la sensación de congoja.

Queda más de un año para que se abran de nuevo las puertas de la parroquia de San Sebastián. El Domingo de Ramos de 2019 será el 14 de abril.

Sigue leyendo esta noticia en la Web de El Correo de Andalucía