La Esperanza de Triana ha puesto este jueves rumbo a la Catedral en un multitudinario –más de 250.000 personas según el Ayuntamiento- y vibrante traslado con el que se abren los actos centrales del Año Jubilar en conmemoración de los 600 años fundacionales de la hermandad. Este sábado, a las 11 horas, el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, celebrará en la seo hispalense la misa estacional de una devoción que está en el ADN del viejo arrabal trianero.

La calle Pureza ha revivido una jornada de nervios y emociones, similar a la de la tarde-noche del Jueves Santo. Las visitas de la mañana han dado paso al mediodía a la estampa, ya habitual, de devotos y vecinos cogiendo sitio en las aceras para tener el privilegio de contemplar de cerca esta salida extraordinaria. «Lo es todo para el barrio, para su gente y para quienes nos visitan y quedan enamorados de Ella. Tiene algo que nos llega muy dentro», explicaba emocionada Carmen, una antigua vecina de la calle Pureza, que hace unos años tuvo que irse a vivir a «las casitas del Barrio León».

Carmen y otros tantos vecinos no han tenido hoy que mirar al cielo, más que para contemplar el bello exorno que cuelga en las calles y fachadas y que han engalanado ellos mismos con el mayor de los primores y con la ayuda de la juventud de la Esperanza de Triana. «Hoy es un día de fiesta para todos: niños, mayores… Esto es Triana y punto», acertaba a sentenciar otro vecino de la calle San Jacinto, mientras que la cornetería de la banda juvenil de la hermandad, la de San Juan Evangelista, bajaba desde el Altozano desatando la alegría y el aplauso de una calle Pureza a reventar de público.

El cortejo, compuesto por ocho tramos de hermanos con cirios, comenzó a salir unos minutos antes de la cuatro de la tarde, la hora establecida inicialmente. En el balcón de la casa de hermandad más próximo a la puerta de salida aguardaban la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, con su hijo pequeño, así como los concejales de Fiestas Mayores y del distrito Triana, Juan Carlos Cabrera y Carmen Castreño respectivamente. Ellos y los que se encontraban esperando tras las vallas se vieron sorprendidos por una singular lluvia: comenzaron a caer estampitas de la Virgen con parte de la salve desde la fachada del templo. Hubo quien ya no le cabían más en los bolsillos. «Vamos a estar un mes repartiendo estampitas en Madrid», decía una familia que había programado su «bajada a Sevilla» en función de esta extraordinaria. «Nos encanta la Esperanza de Triana. Venimos todos los años en Semana Santa».

Poco después de este revuelo, se hacía el silencio dentro y fuera de la Capilla de los Marineros. Sonaba el martillo y Triana comenzaba a vivir el sueño de la Esperanza más jubilar, camino y centro certero de un barrio que vive anclado a sus manos. Ataviada con el manto de los dragones, la nueva saya de Juan Belmonte y el inconfundible refregador que ideara Fernando Morillo en los años setenta, la Madre y Capitana fue asomando suavemente a la calle mientras el sol tímido de este primer día de noviembre se colaba en su palio.

«¡¡Guapa, guapa, guapa!!», «¡¡Viva la Virgen de la Esperanza!!» y «¡¡Viva tus 600 años de historia!!» gritó el pueblo mientras que la banda de música María Santísima de la Victoria de Las Cigarreras se estrenaba en este punto del barrio con la interpretación de las primeras notas de la Marcha Real. Enseguida sonó la marcha Esperanza de Triana Coronada…Rugía con fuerza la calle larga y el barrio tomaba el timón del paso de su Esperanza, hasta donde comenzaron a llegar oleajes de fervor. Salvas de cohetes, vítores emocionados y lluvias de pétalos arribaban sin descanso a la orilla de sus andas. Una sinfonía de sentimientos estallaba a su paso.

El Altozano, la Capillita del Carmen, el puente, Reyes Católicos, la Magdalena y hasta una calle Rioja con flores de papel, colgaduras y anclas… Todo se fue llenando de Esperanza. Imposible moverse por cualquier punto del recorrido oficial. Bullas gordas. Desde el Cecop del Ayuntamiento de Sevilla se calcula que han participado «más de 250.000 personas» en la procesión. La crecida de Triana con su Esperanza terminó colmando todo el centro de Sevilla en este invierno anticipado. Todo se inundó de su alegría en el día primero del mes undécimo. Y es que ya lo dice el refranero popular, que es bastante sabio: «Noviembre, bendito mes, que empieza por Todos los Santos y termina por San Andrés». Este año además Sevilla vive un noviembre de Esperanza. Gracias Triana por estos seis siglos de amor a la Virgen.

Sigue leyendo esta noticia en la Web de El Correo de Andalucía