Otro Miércoles Santo abonado al buen tiempo. Sevilla sobrepasó ayer el ecuador de su Semana Santa con un hermoso Miércoles Santo que, sin embargo, quedará para los anales como un día muy accidentado. Por encima del susto con el cajillo del Cristo de la Sed, o de los percances que vivió La Lanzada y que provocaron un parón en la jornada, el de 2018 se recordará como el Miércoles Santo en que Los Panaderos procesionó sin el olivo.

El sol castiga sin piedad a los nazarenos del Carmen cuando la cofradía se estira por el páramo de la Alameda de Hércules, donde Emasesa ha instalado uno de los seis puntos de avituallamiento de agua para cofradías y ciudadanos en general en este caluroso Miércoles Santo. Allí cangrejea delante del misterio de las Negaciones de San Pedro el imaginero Francisco Reyes Villadiego, disfrutando de su obra. Con aires muy trianeros en su vestimenta, la Virgen del Carmen Doloroso estrena un tocado de paño egipcio. El palio salva la ojiva de Omnium Sanctorum en una compleja maniobra de salida que los hermanos Gallego dedican al periodista Valentín García, hermano de la cofradía que lucha por superar con extraordinario talante una complicada enfermedad. Para la Virgen marinera de la calle Feria suena en la Campana una nueva marcha, Carmen, esplendor sevillano, compuesta por Juan José Castellano, militar del cuartel de San Fernando.

Desde el año 1979, el Miércoles Santo descorre su telón en el barrio de Nervión, donde el Cristo de la Sed se presenta este año con potencias y corona de espinas. Hundido hasta las rodillas en un llamativo monte de claveles de color buganvilla, el Crucificado de Álvarez Duarte desciende la rampa de la parroquia de la Concepción a los sones de la marcha Cristo de la Sed, de Gámez Laserna. En la primera levantá de la imagen en la calle se vivió un pequeño susto: la cruz del Cristo descendió repentinamente hasta hundir de nuevo los pies de la imagen en el monte, lo que obligó a arriar momentáneamente el paso para izar de nuevo al Crucificado y asegurar el cajillo. En la Campana asoman hasta paraguas cuando la Virgen de Consolación accede al inicio de la Carrera Oficial. El repertorio musical de la dolorosa de Nervión hasta la Catedral es un continuo homenaje al compositor Pedro Morales. En la Campana sonaron Consolación, Virgen de Consolación y Virgen de los Negritos.

Los escasos espacios de sombra se cotizan al alza en el barrio de San Bernardo cuando la cofradía de los toreros empieza a desplegarse por el entramado de sus calles. Es día de reencuentros de familias y de regreso a sus orígenes de antiguos vecinos que un buen día tuvieron que emigrar rumbo a otros barrios. La cofradía de Fernando Carrasco es un monumento al clasicismo de principio a fin, una foto fija de la mejor Semana Santa en la que difícilmente hay lugar a innovaciones. Sus dos pasos parecen haberse detenido en el tiempo. Canasto clásico y altos candelabros para el Crucificado que hunde su barbilla en el pecho. Y palio de orfebrería dorada y borlones de alamares para la dolorosa del Refugio. El Cristo de la Salud desciende la rampa de la parroquia a los sones de Requiem. En la salida del palio hay recuerdos para quien fuera su capataz durante 21 años, Jesús Basterra.

A sus 83 años, el cardenal Carlos Amigo no falta a su cita en el barrio de San Vicente con su hermandad del Buen Fin. Allí presidió la misa matinal y acompañó la salida de la cofradía. Había expectación por presenciar la puesta en escena de la principal novedad que presentaba la hermandad franciscana: la recuperación procesional de su titular fundacional, el Santo Sudario. La copia fidedigna de la Sábana Santa que había donado el Centro Español de Sindonología procesionó cerrando el cuarto tramo de Cristo sobre unas parihuelas portadas a hombros de cuatro acólitos con sotana marrón y roquete blanco. Confeccionadas por la priostía de la hermandad e iluminadas por cuatro guardabrisas, las parihuelas combinaban en su ejecución damasco, galón, fleco y terciopelo, con cuatro borlones rematando sus maniguetas y algunas piezas de orfebrería. Precedidas de dos servidores portando faroles, la réplica de la Sábana Santa de Turín se mostraba en un plano ligeramente inclinado para una mejor contemplación de la Síndone. Muy llamativo el monte floral del Crucificado, combinando el color rojo del clavel con rosas violáceas y burdeos, iris morados, proteas y astromelias. Radiante de belleza se presentaba la Virgen de la Palma, estrenando un tocado de encaje de Bruselas del siglo XIX. El de la Virgen de la Palma es uno de los palios que este año incorporan en su candelería un cirio de los donantes y que, en total, suman ya 41. Por segundo año, el palio luce flores de palmas, trenzadas a mano en Elche, y hojas doradas de talco entre su variada composición floral.

En la recoleta plaza de San Martín, Longinos clava su lanza en el costado de Cristo. A los sones de la Banda de las Tres Caídas, el barco neogótico de San Martín se desenvuelve con andares clásicos comandado por Ismael Vargas. Siempre sobre los pies y sin concesiones a la galería. Longinos estrena capa y la Virgen de Guía luce el nuevo manto de camarín del taller de Sucesores de Elena Caro que la dolorosa que va bajo palio estrenó en su reciente besamanos. Un contratiempo con un candelabro trasero del misterio en la Avenida de la Constitución originó un serio parón de 15 minutos en la jornada, hasta que fue finalmente retirado. Rosas de color champán dispuestas en ramos cónicos exornan el palio de la dolorosa del Buen Fin, que también sufrió la rotura del llamador en Sierpes.

La tarde se tiñe de tonalidad azul añil cuando el río de nazarenos del Baratillo empieza a discurrir por el inicio de la Carrera Oficial. Más de 1.800 nazarenos se integran este año en las filas de la cofradía del Arenal, que debido a las reducidas dimensiones de su capilla organiza su cortejo en calles que circundan la plaza de toros, incluida la calle Circo, propiedad de la Real Maestranza. Hermosamente vestida, la Virgen de la Piedad luce este año el más antiguo de su dos mantos procesionales. Testigo de la entrada en Campana de su cofradía es el ex hermano mayor baratillero Otto Moeckel, toda una institución en la calle Adriano, que asiste invitado a cuanto sucede desde el palquillo del Consejo. Rosas sáhara de una tonalidad rosa pálido embellecen el palio de la Caridad.

La severidad se adueña de la noche cuando el cortejo del Cristo de Burgos comienza a recorrer la ciudad. Claveles rojos de color sangre de toro componen el monte de un Crucificado que atraviesa la Campana entre saetas y en cuya presidencia se integra como cada año la representación del Ayuntamiento de Burgos, hermano mayor honorario de la cofradía. Carolina Blasco, teniente de alcalde del Consistorio burgalés, ostenta esa representación. En el año del centenario de la composición, Madre de Dios de la Palma entró en su templo a los sones de Soleá dame la mano.

El retraso se acerca ya a la media hora cuando los nazarenos de Las Siete Palabras se adentran en la Campana. Muy vistoso es el monte floral para el Nazareno de la Divina Misericordia con tulipanes, astromelias y flor de cera. Los toques clásicos de la banda Esencia envuelven de la mejor banda sonora el romántico misterio de las Siete Palabras. Hay dedicatoria en la Campana para el guardia civil fallecido en Guillena. Tras el palio de la Virgen de la Cabeza, la hermandad recupera este año el piquete de la Guardia Civil con armas, una estampa que no se repetía desde 1999. Los miembros de la Benemérita fueron muy aplaudidos en su recorrido por la Carrera Oficial. A la salida, en la Campana y también en la entrada del palio en San Vicente, la hermandad reivindica la marcha Pasan los Campanilleros como una composición dedicada al Cristo de las Siete Palabras.

Cierra este Miércoles la cofradía de Los Panaderos, donde un severo contratiempo con el olivo del misterio obligó al paso de la escena del Prendimiento a procesionar sin olivo, arrancado de cuajo en la misma maniobra de salida, cayendo al suelo de la capilla por la trasera del paso. El Huerto de Getsemaní convertido en un descampado. Tampoco su hermano mayor, Ildefonso Martínez, pudo vestir la túnica en su última Semana Santa al frente de la corporación de la calle Orfila, al caerse hace escasos días de la escalera donde fundía el palio. Los dos pasos de la cofradía lucen unos exquisitos exornos florales. Llaman la atención las aterciopeladas rosas de color rojo sangre del misterio del Prendimiento, que se combinan con otras especies como espigas de centeno y helecho coral. En el exorno floral del palio de Regla se aprecian hasta lentejuelas doradas.

Los 35 minutos de retraso con que Los Panaderos entró en la Campana provocaron el colapso de la jornada: el Buen Fin tuvo que esperar a que se despejara la calle Amor de Dios, donde se hallaba detenido el palio de los Panaderos, y siguiendo la estela del Buen Fin, se encontraba también paralizado el cortejo de La Lanzada. Consecuencias de este accidentado Miércoles Santo.

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