De entre los diferentes premios y reconocimientos que a lo lago de esta Cuaresma otorgan diversas instituciones, uno de los más prestigiosos sin lugar a dudas es el Premio Fotográfico Jesús Martín Cartaya, que otorga el Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla. El pasado 27 de febrero, la institución de San Gregorio, presidida por Joaquín Sainz de la Maza, hizo solemne entrega de la segunda edición de dicho galardón al archiconocido dúo fotográfico formado por los distinguidos cofrades hispalenses Fernando Salazar Piedra y Ángel Bajuelo Bohórquez, cuyas instantáneas son garantes absolutas de calidad y sevillanía.

El reconocimiento que recibieron en la sede de la Caixa de la calle Sierpes ante una extensa representación del mundo cofrade en sus diferentes vertientes, no solo viene a hacerles justicia como exponentes de uno de los más nobles artes, por momentos tan denostado en esta ciudad en detrimento de otros, sino a poner en valor en la actual cultura de la imagen, la dilatada trayectoria fotográfica de dos auténticos artistas de la fotografía. La firma Salazar-Bajuelo, que cuenta en su haber con varios carteles oficiales de la Semana de Pasión hispalense, antes de que Joaquín Sáenz en 1992 abrirera caminos hacia formas pictóricas de oficializar la fiesta, es ejemplo paradigmático de cómo desde la sencillez, la discreción y el trabajo callado, se alcanza el reconocimiento público. Y es que Ángel y Fernando, hermanos de la corporaciones del Museo y las Siete Palabras y hermanos casi de sangre en lo que a lo sentimentalmente se refiere, forman parte relevante del mapa sentimental de la Sevilla cofrade de fines del siglo XX y principios del siglo XXI. Pocos son los anaqueles de la bibliotecas de los buenos cofrades donde no duerman el sueño de la inquieta espera, las fotografías de estos notables artistas en libros, carteles o revistas, desde que comenzaran a rendirle culto de forma conjunta a la ciudad a la que aman, a través de su objetivo allá por el año 1985.

Veinte años después, Salazar-Bajuelo junto a Juan Salas echarían a andar, cual cuadrilla costalera al son de un áureo solo de corneta, una de las publicaciones preceptivas del tiempo cuaresmal, la conocida Revista Cuaresma, anuncio certero de la inminente cercanía de una nueva ensoñación primaveral sevillana. Este año, al cumpliarse su decimotercera edición y estando el número 13, íntimamente, ligado a la Santísima Virgen María – basta ya de supersticiones peregrinas; han decidido dedicar su portada a esa morena capitana de los alfareros mares, a esa marinera celestial, a esa reina de la calle Pureza, la Esperanza de Triana, esa Reina de la Madrugá. La instantánea reproduce el momento en el que toda una auténtica cortina de pétalos baña con aromas de gloria el alegre y jubiloso transitar hacia el Altozano de la señera hija de Santa Ana.

Lluvia de fragancias celestiales dándole la mano a gladiolos, claveles y nardos abiertos en flor para convertirlo todo, por un momento, en un inmejorable Jardín de las Delicias, que perfumará las calles del viejo barrio. Otra vez, Triana cantando a coro, cual ángeles celestiales, la grandeza de la Madre de Dios… de nuevo, Triana despidiendo a su Virgen… otra vez, Triana soñando con su Esperanza… de nuevo, Triana esperando para volverle a rezar de amanecida.

A esta prestigiosa Revista Cuaresma han puesto textos, a lo largo de estos años, relevantes personalidades vinculadas al mundo cofrade. En esta ocasión, vuelven a ser distinguidos cofrades los que aportan sus letras a la publicación, baste citar como ejemplos al imaginero y escritor Jesús Méndez Lastrucci, los periodistas José Joaquín León y Carmen Prieto, el historiador Manuel Jesús Roldán o personas muy conocidas en la ciudad como Carlos Varela, José Moya Sanabria, Teresa Baca o Joaquín Egea. Pero sobre todo, en la nueva edición de la Revista Cuaresma, que se presentará a finales de esta Semana de Pasión, podremos disfrutar del gusto fotográfico y del talento hecho arte de Fernando y Ángel, maestros del objetivo, que con sus formas de expresión, reconocidas con diferentes premios a lo largo de su trayectoria, como los prestigiosos Premios Demófilo que concede la Fundación Machado, no solo dignifican y ennoblecen el oficio de fotógrafo, sino que lo elevan con la solemnidad de sus instantáneas, auténticas protestaciones de fe en muchos casos, al rango mayor jerárquico de lo que esta ciudad entiende por arte.

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