La noche había sido fría en los termómetros pero caldeada en emociones. Todo transcurría con normalidad. Las seis cofradías de la jornada habían decidido desafiar el ligero riesgo de lloviznas que anunciaban los radares y se habían echado a las calles en una noche gélida, con extrema vigilancia policial y con público desigual en función de los escenarios. Poco antes de las 6.20 de la madrugada comenzó a descargar de forma intermitente un sirimiri que fue creciendo en intensidad hasta que al filo de las 7.30 horas, con el Señor de la Salud entrando en la Campana, el calabobos se convirtió en lluvia, alterando definitivamente el normal discurrir de la jornada. A la cofradía de Los Gitanos se le abrió un pasillo entre las sillas de la plaza de Villasís para que buscara refugio en la Anunciación, suspendiendo su estación de penitencia. El misterio del Cristo de las Tres Caídas, por su parte, volvió sobre sus pasos hasta la Catedral, de la que ya había salido en dirección al Postigo, para guarecerse junto a la Virgen de la Esperanza en las naves catedralicias. La Macarena, que discurría en ese momento por su nuevo itinerario por la zona de la Alfalfa, fue la única hermandad de capa que no alteró sus planes, soportando estoicamente bajo la lluvia los momentos de indecisión.

Hasta que la lluvia torció el desenlace, la Madrugá se había desarrollado con normalidad. La impresión general es que se ha notado un bajón de público en las calles, lo que ha permitido una mayor facilidad en los desplazamientos y que se vieran las cofradías sin tantos agobios, incluso con aceras semivacías.

En el capítulo de sucesos, la noche ha tenido hasta un amago de carreritas, rápidamente subsanado. Sucedió al filo de las 3.30 horas en el cruce Reyes Católicos con Marqués de Paradas y duró aproximadamente 10 o 15 segundos hasta que fue frenado por la intervención de la Policía con la colaboración ciudadana. La Policía ha realizado varias identificaciones de personas que según los testigos pudieron haber causado el incidente. Fruto de una detención, un agente resultó lesionado al hacerse daño en una mano.

Pero al margen de este truncado final, la Madrugá había dejado todo un caudal de emociones. En la calle El Silencio las puertas de la Real Iglesia de San Antonio Abad se abren con dos minutos de antelación sobre el horario previsto. La vigilancia policial es extrema en esta primera Madrugá tras los desagradables incidentes del año pasado. Y prueba de ello es la presencia de agentes de la Policía Nacional dispuestos cada cinco metros y vueltos hacia el público, como los stewards en los campos de fútbol. Extraña el atípico ritmo de salida de la Archicofradía del Silencio. El paso del Dulcísimo Nazareno permanece casi diez minutos arriado poco después de salir. Las filas de los primitivos nazarenos dibujan en la calle Villegas perfectas alineaciones trazadas a tiralíneas, aunque el discurrir de la cofradía sigue siendo especialmente lento y estirado. Chicotás muy cortas y cortejo demasiado tiempo detenido. Fue a la única cofradía a la que no le afectó el agua.

Los primeros partes meteorológicos apuntaban a un riesgo de un 30% de precipitaciones en forma de lluvia débil entre las 6.00 y las 8.00 de la mañana, lo que hacía temer alguna baja entre las cofradías de La Madrugá. En San Lorenzo se disiparon las dudas cuando trascendió la noticia de que en el interior de la Basílica del Gran Poder se estaban repartiendo los cirios. Una sucesión de saetas abre camino al Señor de Sevilla cuando, envuelto en su túnica morada lisa, atraviesa la plaza de la Campana. Ataviada con el manto de Rodríguez Ojeda, la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso luce por segundo año bajo su tocado el llamativo broche que le hizo Armenta con algunas de las joyas de su ajuar y también su puñal de salida. Suena en la Campana la saeta antigua de Manuel Loreto: “Bello lirio de la Judea/ del valle de Jericó/ hija de Joaquín y Ana/ Madre del Mayor Dolor y Traspaso/ y de los cielos soberana”. El cruce con la hermandad de la Esperanza de Triana en la calle Zaragoza se despejó a la hora convenida, lo que permitió a la cofradía del Gran Poder avivar su ritmo de regreso a casa. Las primeras gotas sorprendieron al Señor en la capilla de Vera-Cruz, cerca ya de su Basílica.

Una de las fotos de esta Madrugá ha sido, sin duda, el reencuentro del mítico capataz Luis León con el dragón del paso de la Macarena. Invitado de honor en el palquillo del Consejo en la Campana, el Zorro Plateado cangrejeó delante del palio de su Esperanza desde la plaza del Duque hasta la entrada en Sierpes y volvió a tocar el llamador. El nuevo capataz general de la cofradía, José María Rojas Marcos, quiso homenajear de esta forma al hombre que fundó la cuadrilla de hermanos costaleros de la Macarena y que fue capataz de la Esperanza durante más de 20 años. También hay recuerdos para el carismático capataz Miguel Loreto en la levantá que pone al Señor de la Sentencia en la calle. La cofradía sale este año recta, sin transitar bajo el Arco, lo que le hace ganar en agilidad. La Sociedad Filarmónica del Carmen de Salteras está de enhorabuena: cumple 40 años acompañando musicalmente el paso de la Esperanza. En homenaje a Pedro Morales, fallecido en junio pasado, la primera marcha para la dolorosa de San Gil es Esperanza Macarena, composición de la que se cumple medio siglo.

Suenan los cánticos penitenciales en el interior de la Real Parroquia de la Magdalena mientras los nazarenos de pisadas de esparto comienzan su estación. Fue en el año 1949 la última vez que la cofradía del Calvario salió de la parroquia de la Magdalena por la puerta del coro. Sesenta y nueve años después, la estampa vuelve a repetirse en este 2018 por los condicionantes derivados del acuerdo alcanzado el pasado noviembre por las seis hermandades de la Madrugá. La cofradía discurre por un nuevo itinerario más bello pero muy despoblado de público.

Desde las ocho de la mañana del Jueves Santo había gente acampada literalmente en la calle Pureza para presenciar la salida de la Esperanza de Triana. Las puertas de la capilla de los Marineros se abren con diez minutos de antelación sobre la hora oficial para que la calle Larga comience a llenarse de nazarenos. En un año especialmente trágico para esta hermandad, tanto en la salida de su capilla como en la Campana, la banda de las Tres Caídas interpreta el Toque de Oración tras el misterio del Señor del Compás. La acertada intervención de Pedro Manzano ha aportado una gran vitalidad a la imagen del Nazareno caído de la calle Pureza. Una vara cruzada en el respiradero de la Esperanza simboliza el luto de la hermandad por el fallecimiento el pasado Domingo de Ramos del mayordomo Paco de la Rosa. En el centenario de su composición, la dolorosa trianera entra en la Campana a los sones de Soleá dame la mano. Tras refugiarse en la Catedral, la hermandad retornó a su templo acortando su recorrido, de manera que al llegar al Altozano el cortejo discurrió directamente por la calle Pureza.

La de Los Gitanos fue la única hermandad que no pudo cumplimentar su estación de penitencia debido a la lluvia. En su recorrido de ida, la cofradía recupera su tránsito por la plaza de San Román, donde las puertas de la parroquia se abren de par en par. Cuando los nazarenos de los Gitanos solicitan la venia en la Campana el día cumula un retraso de 15 minutos. La lluvia sorprendió al Nazareno en plena plaza de la Campana, obligándole a refugiarse en la iglesia de la Anunciación, de donde regresó la cofradía a partir de las nueve de la mañana.

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