La capillita de toreros de la plaza de la Maestranza esconde algunas de las claves del fervor de los coletudos. A ambos lados del retablo dieciochesco que acoge la imagen de Nuestra Señora de la Caridadque fue adquirida en 1947 por la corporación nobiliaria en el mercadillo del jueves– figuran los azulejos de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima de la Esperanza Macarena. Con la Virgen del Rocío, forman una particular trinidad taurina que no falta en ninguno de los altares de los toreros, en los que como en botica hay de todo.

La relación del gremio de coleta con las cofradías sevillanas es antiquísima. No hay que olvidar que el mayor vivero taurino de Sevilla, el barrio de San Bernardo, creció paralelo al viejo matadero. Curro Cúchares, el legendario diestro decimonónico, llegó a ser hermano mayor de la corporación del Miércoles Santo y sus restos, traídos desde Cuba, reposan hoy a los pies del Cristo de la Salud, en el mismo lugar que acogerá el cadáver de Pepe Luis Vázquez. Su hermano Manolo, además, fue hermano mayor de la cofradía. Pepe Hillo, el encarnizado rival de Pedro Romero, regaló una imagen de San José que aún conserva la cofradía del Baratillo ante la que rezaba en remotas tardes de toros –hace más de dos siglos– en el viejo coso del Arenal.

Las antiguas fotografías también rescatan la imagen de un Ordóñez juvenil, ofrendando un vestido de torear a la última dolorosa de la Semana Santa. La Soledad aún salía en la tarde del Viernes Santo. El maestro de Ronda, como sus cuatro hermanos toreros, la acompañó muchas veces de maniguetero con antifaz de terciopelo negro. Las circunstancias sociales y personales le llevarían a empuñar la vara dorada de la Esperanza de Triana pero su devoción primera, y la de todos los suyos, siempre fue la Virgen de la Soledad. Eso sí, la devoción a la dolorosa de la calle Pureza prendió con fuerza en su yerno Francisco Rivera Paquirri, que llegó a salir en la presidencia del Señor de las Tres Caídas. Esa fidelidad ha pasado a sus hijos y sus nietos. Francisco Rivera Ordóñez, que perteneció a la junta de gobierno de la cofradía de la Madrugá, sigue saliendo de costalero en el paso de las Tres Caídas. Su hermano Cayetano, además, sale a las plazas con un capote de paseo bordado con la Esperanza vestida de reina.

La vinculación de Juan Belmonte con la hermandad del Cachorro también es muy conocida. El Pasmo de Triana, único dueño de su destino, se quitó la vida en un domingo de pregón, a una semana justa de la Semana Santa. Dicen que tenía su papeleta de sitio en el bolsillo. Eso sí, fue vestido con la túnica de nazareno para el viaje definitivo después de sortear el severo juicio eclesiástico de la época.

Hay historias más recientes, como la de Eduardo Dávila Miura que volvió al museo de la Macarena para pedir el vestido que él mismo había donado. Se lo puso el pasado año en su reaparición puntual en Madrid al cumplirse el 175 aniversario de la ganadería familiar. El traje, cumplida su función, volvió a las vitrinas de la cofradía en la que hoy sirve como consiliario de junta. Dávila, además, regaló el juego de machos que cuelgan de los respiraderos del palio de la Virgen del Refugio.

Y hablando de palios, los capillitas más observadores habrán podido comprobar que el angelito del llamador de la Virgen de la Caridad se toca con una montera o que los rosarios que cuelgan de los varales de Montesión fueron regalados por el diestro mexicano Carlos Arruza, el rival –y amigo íntimo– de Manolete. Este recorrido por las vinculaciones cofrades de los toreros puede concluir a las plantas de la Piedad del Baratillo. En sus filas forman algunos toreros. Uno de ellos es Oliva Soto, que escuchó Caridad del Guadalquivir en su encerrona camera. Pero la túnica azul también es vestida por Morante, que acude a rezar a la antigua capillita en esas tardes de toros que inicia arropado con un capote de paseo que lleva cosido un pequeño lienzo con la imagen del Gran Poder.

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