La Mujer Verónica vive en Salteras. Desde su domicilio fue escoltada hasta la parroquia de la Oliva por los nazarenos de la hermandad de Los Blancos, como paseo previo antes de la estación de penitencia, para acompañar a Nuestro Padre Jesús Nazareno. Y, como ella, también la hermana que representa a la Fe fue recogida y acompañada hasta el templo de este pueblo del Aljarafe.

Es esta una de las tradiciones que ayer se volvieron a revivir en la localidad, teñida de blanco para recibir al Nazareno y a la Virgen de los Dolores. Con la particularidad de que en Salteras el camino al Calvario pasa de la recta a la curva en la complicada puerta doble de la parroquia, que los costaleros salvaron con pericia. Desde Linares, las cornetas y tambores de la banda de Nuestra Señora del Rosario acompañaron al Señor, cargando con la cruz sobre un monte de tonos morados y violetas.

Con los ojos vendados, la alegoría de la Fe antecedía a la Dolorosa de los Blancos. Con un exorno floral de tonos rosas, bajo palio morado bordado en oro por las blancas manos de las hermanas de la hermandad, la Virgen de los Dolores superó la complicada salida. Y tras de Ella, su hermana honoraria, la Sociedad Filarmónica Nuestra Señora del Carmen de Salteras regalando sones locales.

A pesar del colorido en el exorno, tiene el pueblo sus días grandes pintados en un formato bicolor. El que le dan sus hermandades de penitencia, tomados del color de las túnicas. La del Martes Santo es la noche blanca de Salteras. La túnica blanca de sus nazarenos –acompañada de capa y antifaz morados– da color al día y nombre a la hermandad. Fundada en el siglo XVII y refundada –aunque nunca llegó a extinguirse– en el año 1959, conjuga un aire nuevo con las tradiciones más intrínsecas de la localidad.

El paso por la capilla de la patrona, la Virgen de la Oliva, y por la de la hermandad de la Vera Cruz fueron jalonando el itinerario procesional. La estrechez de la calle Velarde volvió a apretar en sus contornos un momento de gloria al paso de la cofradía por su casa hermandad. Construida en 1975, supuso un hito en la historia cofradiera local. Ese júbilo mantenido volvió a estallar como cada Martes Santo al paso de la Virgen de los Dolores en forma de petalada de devoción.

Supo esta jornada a amanecida de Viernes Santo. A aquellas madrugadas en las que la cofradía hacía su estación, cuando aún el Nazareno lucía melena de pelo natural. Madrugadas que tornaron en Martes Santo cuando la corporación retomó su actividad. Ya la Vera Cruz en su reorganización, para no interferir en los Oficios parroquiales, cambió su día al Miércoles Santo. Y si ese día Cristo moría en la cruz, antes debería subir al Calvario. Por ello, Los Blancos fijaron su salida aquí su salida procesional.

Y es que en Salteras la Semana Santa se vive en blanco y negro. Por sus tallas antiguas y sus tradiciones añejas. Pero sobre todo por el color de sus hermandades. Los Blancos han abierto una Semana Santa que cierran Los Negros de la Vera Cruz el Miércoles Santo. Fundada en el siglo XVI, es fruto de la fusión de esta hermandad con la de la Soledad. La antigua imagen del Cristo de la Vera Cruz, talla gótica atribuida a Roque de Balduque, procesiona con la Magdalena a sus pies desde su capilla y con la Virgen de la Soledad, talla de Dubé de Luque al igual que la Dolorosa del Martes, bajo palio, y acompañados de nazarenos de túnica negra. La otra banda de la localidad, la Sociedad Filarmónica Nuestra Señora de la Oliva, acompaña a la Virgen.

Este año en el cortejo procesionará el Santo Lignum Crucis de la Confraternidad de Hermandades de la Vera Cruz. Aparecen las Santas Mujeres también en la cofradía, representadas a través de la Fe, la Verónica y la Mujer Hebrea.

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