«Me acaban de pedir una cosa que me ha llegado al corazón». Así justificaba el capataz del Cristo de la Sangre de San Benito, Manuel Roldán, a su cuadrilla la dedicatoria que iba a hacer en una de las levantás del recorrido del pasado Martes Santo. El pequeño Antonio, de 11 años, se acercó a la delantera del paso para hablarle a Roldán de su amigo Alejandro, alumnos ambos del colegio Portaceli, al que lleva un mes sin ver porque está ingresado y luchando con todas sus fuerzas para superar su enfermedad.

«Así que va por Alejandro, para que el señor lo ponga bueno y esté otra vez con su amiguito. Esas son las cosas que tiene esto, quedárselo en la memoria y el corazón», les decía el capataz a los costaleros antes de elevar al cielo al Señor que velará por Alejandro.

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