Fuente: Hermandad de La Hiniesta

Mc 10,2-12


En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le pregunta­ron a Jesús, para ponerlo a prueba:

-«¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?»

Él les replicó:

– «¿Qué os ha mandado Moisés?»

Contestaron:

-«Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.»

Jesús les dijo:

-«Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precep­to. Al principio de la creación Dios “los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se uni­rá a su mujer, y serán los dos una sola carne”. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.»

En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.

Él les dijo:

– «Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, co­mete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.»