Cuenta «don Geraldino», el párroco de San Ildefonso, que «el mejor estreno cada año es el amor y la devoción de tantos fieles y devotos que cada viernes vuelven a postrarse a los pies del Señor». Sus palabras resumen a la perfección esta querida devoción del pueblo, auténtica e inmortal, que no tumba ni la más adversas de las borrascas atlánticas. Se llame Hugo o Gisele. Lo demostró nuevamente ayer, último viernes de marzo (y también de Dolores para el resto de la urbe cofrade). La imagen del Cautivo y Rescatado protagonizó un viacrucis de recogimiento y emoción que reemplazó el adoquinado mojado de su céntrica feligresía por el mármol curtido en oraciones y velas de las naves del templo.

Los carteles de las columnas del presbiterio anunciaban este piadoso ejercicio de las catorce estaciones para las 19 horas «por las calles de la feligresía». También la opción de contribuir con un donativo a la restauración de la túnica del Señor, por lo que se recibe un trozo de tela en la sacristía. A ambos lados del altar mayor, dos pequeñas mesas mantenían aún encendidas las esperanzas para sus abnegadas devotas, que, paraguas en mano y chubasqueros en lo alto, iban arribando a la orilla del costado derecho de sus andas procesionales. «¿Va a salir? A mí, no me hace falta que salga. Quienes somos del Cautivo, de verdad, sabemos a lo que nos referimos», comentaba una señora mientras que Don Geraldino salía de la sacristía junto a un grupo de hermanos enchaquetados.

La decisión estaba tomada. «En principio, estaba previsto rezar el viacrucis por las calles en un recorrido que estaba calculado en una hora y media aproximadamente. Sin embargo, las previsiones meteorológicas anuncian agua para la tarde, por lo que lo celebraremos en el interior del templo». Y así fue.

El rezo de las primeras estaciones se desparramó por las naves laterales en las que se encontraban otras queridas devociones de la parroquia y de la ciudad. Ante el altar de la Virgen de los Reyes, Patrona de Sastres, vestida con ropajes de color morado cuaresmal, se produjo uno de los momentos más emotivos del viacrucis. «No solamente es una relación por habitar en la misma parroquia. Muchos hermanos somos devotos del Cautivo por nuestra pertenencia a la parroquia. Para nosotros es un honor por ser una de las devociones más arraigadas de la ciudad. Junto a la hermandad Sacramental echamos una mano en la organización de los cultos y en atender a las personas que vienen allí los viernes», resaltaba Miguel Andréu, nazareno de capa de la Puerta de Carmona y hermano mayor de la Patrona de Sastres. Para él como para otros tantos antiguos vecinos, el Cautivo les trae «recuerdos imborrables de la infancia y de su familia». Es la grandeza de una devoción atemporal.

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