El sol radiante se coló por aquella rendija entreabierta de su ventana y aquel preso tachó otro día de su calendario. Es Sábado de Pasión y desde la soledad de su celda, cierra los ojos e imagina, sueña con estar en la calle perdiéndose entre las bullas, oliendo la amalgama de azahar e incienso que impregnan las calles de esta ciudad.

Justo en ese momento, el repique nervioso de un tambor le hace despertar de su particular sueño. Las cornetas emitían sus límpidos sonidos y retumbaban por las paredes de aquella prisión. Aquel reo, alguna u otra manera, se enganchó a la reja y vio cumplido su sueño: la Semana Santa había llegado a la cárcel.

Un año más –y ya va casi una década–, la banda de cornetas y tambores Centuria Romana Macarena cumplió con el íntimo rito de visitar a los presos en vísperas del Domingo de Ramos. Una iniciativa que impulsara el actual hermano mayor, José Antonio Fernández Cabrero, cuando ocupaba la diputación de Asistencia Social.

Tras la misa celebrada en el centro penitenciario, la Centuria marchó por los pasillos de la cárcel. Los presos iban lanzando vivas a la Centuria y a la Macarena, como explica el director de la banda, Pepe Hidalgo.

«No hay nada más bonito que ver la alegría de quien escucha los sones macarenos», relata Hidalgo, quien afirma que no existen obstáculos cuando se trata de repartir esperanza. «Para nosotros es un orgullo poder estar aquí con ellos, porque podríamos estar en la calle viendo cofradías, pero estamos aquí con ellos dándoles alegría y esperanza».

Por un momento, los pasillos de aquella cárcel se convirtieron en las calles del viejo arrabal macareno y las rejas de las celdas, las casapuerta de corralones de vecinos. El personal de Instituciones Penitenciarias iban repartiendo torrijas, para endulzar los labios de aquellos presos que, por un momento, sintieron la esperanza de la libertad.

«Esta visita significa esperanza», explica Hidalgo con emoción y añade: «hay que hablar con ellos, preguntarles cómo han llegado hasta ahí y no juzgarles por que hicieran lo que no debían. Solo juzga quien tiene que juzgar».

En Sevilla, Semana Santa es algo más que poner una cofradía en la calle y la Centuria ha dado buena muestra de ello con su visita a la cárcel, llevando un mensaje de esperanza allí donde la libertad es un sueño que solo con esperanza se puede alcanzar.

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