«Escribas y fariseos/ son los que me han obligado/ a dictar esta sentencia/ yo por mí lavo mis manos», cantó Pilatos en la parroquia de la Asunción de Alcalá del Río, y condenó al Nazareno a cargar con la cruz hasta el Calvario. Con este romance litúrgico de tonada antigua y canto aflamencado se inició la estación de penitencia de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús y la Virgen de la Esperanza, la cofradía de los pescadores del Guadalquivir.

Un ángel femenino en nombre de Dios dio la réplica cantada a Pilatos para certificar: «Así conviene que muera/ porque a ello se obligó/ a satisfacer amante/ culpa que no cometió». El sermón de la Sentencia se ha mantenido como una reliquia de esta cofradía, cantado por una misma familia generación tras generación.

Cada Madrugada, y desde 1966 cada Miércoles Santo, ha sido el prolegómeno antes de que Papá Jesús –como es llamado por los alcalareños– recorriera su pueblo.

Esta es la única estación de penitencia que sale de los límites del caso histórico antes de dirigirse a su barrio del Arenal. Allí, Papá Jesús esperó a Su Madre, para despedirse frente a frente en esta calle Amargura ribereña antes de morir en la cruz.

Es un esperado momento acompañado con el son de la Salve marinera y la sirena de la presa, que suena como en tiempos pretéritos.

Tras el Encuentro, la procesión continuó hasta la parroquia para finalizar esta jornada que tantas tradiciones revive. Tan antiguas como la Sentencia de Pilatos: «Con fecha en Jerusalén/ a 25 de marzo/ de la creación del mundo/ pasados 5.000 años/ 233/ de irrevocable mandato», como volvió a rubricar con este añejo canto.

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