La Judea de la hermandad de Jesús Nazareno es sin duda una de las tradiciones más arraigadas y particulares de la Semana Santa de Alcalá de Guadaíra, declarada de Interés Turístico Nacional, y protagonista exclusiva de la mañana del Jueves Santo. Conocidos coloquialmente como los judíos, este particular cuerpo de armaos personaliza a aquellos sicarios del templo sionista que prendieron a Jesús. Conforman un cortejo de 14 personas, comandados por el signífero, que porta el senatus, al que custodian a izquierda y derecha un personaje vestido de judío que toca el tambor y otro con el calamillo. Detrás desfilan los lanceros, y en el centro, el abanderado y el pagineta, un niño vestido de soldado romano que, al son del tambor y la flauta, baila una danza arcaica mientras apalea la tablilla con la sentencia de Cristo. Por último, cerrando la comitiva, forma el capitán de la decuria.

Como marca la centenaria tradición, la cohorte partió a las 9 de la mañana de su casa hermandad hacia la iglesia de Santiago, donde revolearon la bandera en el interior del templo frente al Nazareno, titular de la hermandad de Jesús, y fijaron una guardia de dos centuriones. Partió entonces la comitiva hacia las calles de Alcalá, que en la soleada mañana de ayer, los recibió un año más volcada en la calle. Hasta después del mediodía, los judíos recorrieron los principales puntos del centro histórico con tres paradas obligatorias. A las 11 y las 12.30 horas, el cortejo volvió a Santiago para hacer el cambio de guardia. Para rematar la mañana del Jueves Santo, a las dos de la tarde, La Judea volvió a Santiago a retirar la guardia al Nazareno y quedó a la espera de que comenzase la Madrugá.

En palabras de Vicente Romero, hermano mayor de la hermandad de Jesús, este rito, que solo se mantiene vivo en Alcalá de Guadaíra «tiene su origen en la ceremonia litúrgica de la ostensión de la seña, que antes se hacía en el interior de los templos, y al dejar de hacerlo se sacó el revoleo a la calle tal y como ahora lo conocemos». Romero, que es además autor de un concienzudo estudio sobre La Judea de Alcalá, defiende que «el revoleo comienza sobre la mitad del siglo XVIII». Esta singular expresión supone «el único vestigio de aquella ceremonia», explicó este hermano mayor, quien puntualizó que «históricamente estaba conformada por gente humilde de Alcalá, y a partir de 1992 se empezó a formar por hermanos». Tanta aceptación promueven los judíos entre los vecinos y los casi 3.000 hermanos de la hermandad de Jesús, que en palabras de Romero, «hay una larguísima lista de espera para salir cada año».

Esta representación, única y una de las más singulares de la Semana Santa de Andalucía, supone para Alcalá, «una de sus más importantes tradiciones y devociones, y fecha clave del calendario alcalareño». Tal y como explicó Romero, «Alcalá tiene dos devociones: la primera es la patrona, Nuestra Señora del Águila, que es la devoción sublime, digamos, y luego está Jesús Nazareno», donde hay que contextualizar a los judíos».

Tras la mañana de ayer, la decuria volvió a tomar protagonismo en el arranque de la Madrugá. A las dos, el capitán llamó a las puertas de iglesia de Santiago, dando así comienzo a la estación de penitencia de la hermandad, con el Nazareno custodiado por los judíos. Al filo del amanecer, volvieron a cobrar protagonismo con el final prendimiento de Jesús.

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