Sevilla vivió ayer un Jueves Santo espléndido que se coronó de Victoria pese a que las bajas temperaturas, especialmente al final de la tarde, deslucieran en parte los cortejos procesionales y restaran público de las calles. Aún así la jornada más clásica de la Semana Santa se llenó de emoción y recogimiento con las siete hermandades que completaron felizmente su estación de penitencia.

El tendido de sol se cotiza caro a primera hora de la tarde. La sombra queda para los valientes. Aunque se tenga primera fila a la diestra del patíbulo del Consejo. «Aquí me he puesto un rato en el pasillo porque tenía fresco», comenta Antonio Dubé de Luque mientras que por O’Donnell avanza solemnemente la cruz de guía de la antigua hermandad de los Negros. Con puntualidad británica, a las 17.40 horas, queda inaugurado el Jueves Santo en la Carrera Oficial. Hay que esperar poco para ver al Cristo de la Fundación. El crucificado de Ocampo trae consigo el peso de la historia. La que se cuenta por siglos –625 años está cumpliendo la hermandad–, y por la labor asistencial con personas de raza negra desde aquel hospital de los Ángeles. De nuevo, Javier Grado vuelve a bordar el exorno floral que compone este monte de oración y recogimiento. Atentos a los nombres: astrantia, escabiosa, tulipanes, minicalas, brunia, thirlansia y espinas de acacia. Empieza a llenarse la Campana aunque cuesta encontrar mantillas entre el público. La Virgen de los Ángeles llega con la marcha Virgen de la Victoria en homenaje a la coronación de la dolorosa de las Cigarreras, prevista para el 13 de octubre. La estampa es primorosa. «Debería de ser declarado BIC», advierten algunos abonados mientras que contemplan los singulares bordados del palio, que han sido restaurados este año por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH).

Con tres minutos de retraso, a las 18.27 horas, La Exaltación pide la venia en la Campana. Esta puede que sea su última estación desde Los Terceros. El templo de la calle Sol también está en obras pero se ha dispuesto todo para poder seguir saliendo desde allí. «Por la hermandad de la Cena, por el esfuerzo que ha hecho este año», agradece la cofradía de Santa Catalina en una levantá. Sorprende el turbante que lleva el sayón que empuja la cuerda en la delantera del paso de misterio. Ha sido donación de la familia López Camacho. Con La Soledad de Pedro Morales entra la Virgen de las Lágrimas en la Campana. La Banda Municipal de Arahal encadena varias marcha de este querido compositor como homenaje póstumo.

Está anunciada la llegada de los ministros del Interior y de Justicia, José Ignacio Zoido y Rafael Catalá respectivamente, al palquillo de la Campana al paso de las Cigarreras, como ya ocurrió el año pasado. Sin embargo, el que se incorpora es el obispo auxiliar, Santiago Gómez Sierra, que contempla la cofradía de Los Remedios desde el principio. Los hermanos Villanueva no pueden olvidar a un amigo y maestro del martillo. «Va por Jesús Basterra, que también era miembro del Consejo», arenga bajo el paso del Señor Atado a la Columna mientras que las cornetas de la banda adulta se reserva composiciones dedicadas a imágenes coronadas para el trayecto que va de los palcos de la plaza a la Avenida.

En recuerdo a Paco de la Rosa, mayordomo de la Esperanza de Triana fallecido el pasado Domingo de Ramos, suena Soleá dame la mano tras el palio de la Victoria. En su candelería lleva pintada la memoria devocional e histórica a través de escudos de instituciones o particulares vinculados a la hermandad. Es «un año muy especial» para la corporación cigarrera. «Son los prolegómenos de la coronación», califica con acierto el vestidor Joaquín Gómez, quien recuerda que la dolorosa lleva bajo su manto pulseras de tela que se entregarán a los niños del Hogar de Nazaret, la obra social de tan dichoso acontecimiento.

El misterio de Montesión nunca falla. Con un izquierdo cortito y a los sones de La Redención despierta los primeros aplausos de la tarde. También la emoción bajo las trabajaderas, donde se grita un «¡Viva el Señor de la Oración!» al alcanzar la mitad de la calle central de la Campana. El momento, ahora sí, es contemplado por los ministros de Interior y de Justicia. El viento hace de las suyas con el solideo del obispo auxiliar, que opta por retirárselo, en este caso, ante el dios Eolo. El abrigo empieza a ser una prenda indispensable mientras que «con cinturita» para que «suenen siempre los rosarios» se posa la dolorosa de la calle Feria ante el palquillo de la Campana. «Por la próxima Reina que va a coronar Sevilla entera. Por la Madre Cigarrera», dedica Vizcaya mientras, de nuevo, suena Virgen de la Victoria.

La tarde da paso a la noche para adaptarse al corte de las tres últimas hermandades. El leve balanceo del Señor sobre la cruz, los motetes de los niños y una saeta cantada por derecho componen la sinfonía del misterio de la Quinta Angustia en su camino a la Catedral. El reloj de la ciudad se detiene ante los tres pasos del Valle. Es el canon del clasicismo. Aunque el paño de la Verónica, pintado por Paneque, sea más conceptual que de costumbre. No obstante, el viento frío apaga los cirios de los nazarenos y la candelería. La entrada de palio en Campana resulta accidentada. La caída de una vela sobre la mesa obliga a arriar el paso y a subirse el prioste encima para retirarla. Todo queda en un susto y algunos minutos de retraso.

El broche final lo pone Pasión. En este año de celebraciones (150 años de la llegada al Salvador, 100 de su fusión con la Sacramental o 800 de la orden mercedaria), el Señor pierde movimiento con la túnica bordada de los acantos aunque, para otros, gana en majestad. Cuestión de gustos. El día se cierra finalmente en Campana con unos 30 minutos de retraso.

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