El diccionario de la Real Academia Española (RAE) explica que la urna es «una caja para depositar las papeletas o números en los sorteos y votaciones secretas» pero también al habitáculo de «cristales planos a propósito para tener dentro visibles y resguardados del polvo efigies, objetos preciosos», o bien, «de metal, piedra u otra materia para guardar dinero, cenizas o restos de cadáveres humanos». Aplicado a la Semana Santa se mantienen estas dos acepciones, aunque con algunas singularidades propias de la celebración religiosa. Así, en cuanto a gobernabilidad de una hermandad o cofradía se conoce como urna a la caja en la que los hermanos van depositando su voto en el proceso de elección de nuevo hermano mayor y nueva junta de gobierno que tiene lugar durante los cabildos generales de elecciones que habitualmente se suceden cada cuatro o tres años, dependiendo de las normas internas recogidas en las Reglas de la hermandad. De igual manera, en su segunda acepción vinculada al rito funerario de la tradición cristiana, también se denomina Urna –en este caso con mayúsculas– a la caja que muestra el cuerpo yacente, sin vida, del Señor tras ser crucificado en la cruz. Este pasaje evangélico lo recoge la hermandad del Santo Entierro que realiza estación de penitencia en la jornada del Sábado Santo. La Urna del Cristo Yacente sigue el estilo gótico del canasto y los respiraderos del paso. Durante todo el año, también se muestra de esta forma en el altar mayor de la antigua iglesia conventual de San Gregorio. La excepción la encontramos en Cuaresma durante la celebración del viacrucis anual por las calles de la feligresía. Durante el rezo del piadoso ejercicio, la imagen del Señor se presenta fuera de su habitual cápsula o urna sobre unas pequeñas andas que invitan a la oración y al recogimiento en este tiempo de ayuno.

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