Según la Real Academia de la Lengua Española, marinear no es otra cosa que ejercitar el oficio de marinero. Y si esta entrada de la Guía Cofrade no tiene nada que ver con la Esperanza de Triana, la duda sobre su contenido quizás se acreciente. En el argot capillita (o cofrade), marinear vendría a ser alcanzar un lugar perseguido, hacerse camino en una bulla para conseguir ver el Palio, o el Cristo, o vaya usted a saber qué.

Las bullas semanasanteras tienen sus propias reglas. Y en ellas cabe de todo, desde quien las soporta estoicamente mientras desfilan riadas de nazarenos, hasta el que no se mueve cuando la banda de música se aleja y solo retoma el paso cuando comienzan a verse claros. Ojo: Marinear hay que hacerlo con elegancia. No vale arrollar nazarenos, ni pegar pisotones a troche y moche, ni mucho menos andar entre las filas de nazarenos. Marinear se puede hacer con elegancia y naturalidad o de forma burda y molesta. Esto se aplica también cuando de lo que se trata es de marinear para salir de una simple bulla o atasco y escapar por cual o tal calle en busca de tal o cual paso. No hay que confundir el término con cangrejear, que viene a ser, principalmente, caminar de espaldas y delante de los pasos mientras se lanzan fotos o se rezan padrenuestros que, a la postre, da igual porque los cangrejeros molestan al cuerpo de nazarenos y también al público que espera paciente. Contra los cangrejeros y contra los que marinean se están imponiendo las vallas, que acotan espacios y caminos. Pero marinear es un clásico, y usted también lo hará el próximo Domingo de Ramos. Ya lo verá.

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