La Semana Santa de los niños tiene su propia parafernalia en Sevilla. Entre los útiles que más se han visto de un tiempo a esta parte, y en especial durante las procesiones de este año, está el guante para recoger cera. No es que sea un invento reciente, porque siempre ha existido, pero lo que sí es nuevo es su generalización entre la chavalería, harta de quemarse con los goterones hirvientes de esos cirios que buscan con avidez entre paso y paso para ir conformando, con el transcurso de los días y el tránsito de las cofradías, su gran bola de colores, motivo de orgullo entre los de su edad y testimonio rotundo de sus vivencias y de su implicacion en la fiesta. Hasta ahora se habían servido también, para esa misión, de otros recursos más rudimentarios, caso de las bolsas de plástico de los bocadillos que, una vez consumidos, bien podían desempeñar esa misma función de sujetar la bola mientras el nazareno la regaba, con más o menos los mismos resultados, por poco elegante que resultara. Un guante viejo que luego se tira ha resultado ser la opción más conveniente para unos niños que de este modo, pidiendo cera a los nazarenos o cualquier otra cosa que estos lleven, alivian la larga espera que en el común de los casos supone ver una procesión de cabo a rabo, ya sea en las sillas de la Carrera Oficial o en cualquier otro punto del recorrido. Nada que ver con otro guante encerado que, ese sí, tendrá que ser adecentado después de Semana Santa: el del nazareno que porta el cirio y que en algún caso se entretiene rebozándolo de esa manera.

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