Puede parecer extraño que el nombre de un matador de toros parezca en esta guía cofrade, pero el histórico torero Curro Cúchares (1818-1868) está íntimamente relacionado con la hermandad de San Bernardo, de ahí su inclusión en esta sección.

Francisco Arjona Guillén, el nombre real del torero, aprendió a torear en el viejo matadero que había en el barrio de San Bernardo, donde tantos toreros se han formado. Hermano de la cofradía, llegó también a ocupar el cargo de hermano mayor y fue el responsable de una reorganización de la centenaria institución.

Cúchares, cuyo apodo también ha sido empleado para referirse directamente a la tauromaquia en general, mantiene incluso después de muerto su vinculación con su hermandad ya que sus restos mortales descasan en la parroquia de San Bernardo.

El torero emprendió un viaje a la isla de Cuba pero allí le sorprendió la enfermedad del vómito negro fiebre amarilla) y no pudo recuperarse de la misma. En primera instancia fue enterrado en la isla caribeña, que por entonces era colonia española, hasta que sus restos mortales pudieron ser trasladados a Sevilla en el año 1885, casi dos décadas después de su fallecimiento.

Detrás de la mesa del altar de la parroquia, a través de un hueco, se puede acceder hasta la lápida de Cúchares. En ella, está inscrita la leyenda «dichoso aquel que fuera llorando sin dejar en la tierra un enemigo».

Esta hermandad ha estado también muy vinculada al mundo del toro. De hecho, el maestro Pepe Luis Vázquez también llegó a ocupar el cargo de hermano mayor. Como detalle, el paso de palio luce en sus respiraderos unos alamares que donó el matador de toros Eduardo Dávila Miura, que además de macareno también forma parte de la nómina de hermanos de la hermandad de San Bernardo.

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