Podríamos haber elegido un término más elegante. Valen nostalgia, añoranza, melancolía, morriña, tristeza, pesadumbre, soledad, pena… Pero, desde luego, también vale bajón. «Deterioro de la salud o el ánimo» dice la RAE. ¿Y qué es lo que sentimos el Domingo de Resurrección cuando vemos cerrarse las puertas de Santa Marina? De acuerdo que el bajón podríamos decir que es una sensación demasiado humana y mundana. Que deberíamos estar felices por la constatación de que Jesús ha resucitado. Que todo se explica cuando vemos a la cofradía de Santa Marina poner su cruz de guía en la calle. Que todo lo anterior se encierra en ella, que sin ella, nada. Pero los sentimientos son tozudos, y la gloria se conquista los Domingos de Ramos en el Porvenir, con los primeros nazarenos blancos de La Paz. O incluso antes, en el Viernes de Dolores, acaso el día más esperado del año. Y sin el acaso.

¿Cómo sobrellevar entonces el bajón que estos días experimentamos? Una de las opciones más rápidas es aliviar los síntomas borrando fotografías de nuestro teléfono móvil que, por otra parte, serán la mayoría. Otra, mucho más edificante, sintonizar hoy El Correo TV y engancharse a La Pasión, el programa que Víctor García Rayo realizará, durante las próximas semanas, para rememorar todo lo vivido, todo lo sentido. Y, mejor aun, el espacio televisivo que seguirá y seguirá hasta que una nueva Cuaresma llegue, y entonces la morriña se torne esperanza.

Muchos cofrades, más militantes o menos, dicen que la Semana Santa viene a significar, antes que cualquier otra cosa, el paso del tiempo en nuestras vidas. Quizás por eso las vivencias que desarrollamos en torno a ella sean tan intensamente emocionales y personales. De nada sirve anhelar que los trescientos y tantos días pasen rápido. Porque no lo harán. Pero justo cuando menos lo pensemos estaremos delante de un nuevo Miércoles de Ceniza.

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