Cuando aun era joven la tarde la Plaza de España de Guadalcanal volvió a recibir con los brazos abiertos a la hermandad del Costalero. Después de un Domingo de Ramos un tanto deslucido a causa de la lluvia que por momentos amenazó el discurrir de La Borriquita. Es por ello que el Miércoles Santo había más ganas que nunca de Semana Santa. Como ya hiciera el pasado año, a las ocho de la tarde el portalón de Santa María de la Asunción volvía a abrir sus puertas y la cruz de guía se vislumbraba tras una nube de incienso que mezclaba su aroma con el incipiente azahar que se desprendía de los naranjos de la plaza.

Sustituyendo la Marcha real por un solemne toque de oración, el Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia se presentó ante una plaza abarrotada. La temperatura, primaveral, y un cielo impoluto engrandecieron una salida a la que contribuyó la Banda de Cornetas y Tambores Cristo del Amor de la misma localidad, que llevó el paso en volandas con los sones de La fe y el alma de Triana. Acto seguido, el cortejo se alejó por Palacios en una dulce estampa enmarcada por un eterno atardecer.

De blanco inmaculado, y con el público expectante esperando su llegada, María Santísima de la Paz salía con las notas del himno nacional que interpretaba la Banda de Música Nuestra Señora de Guaditoca. Cuadrilla conjuntada donde las haya, con firme paso, la imagen de Matilde García, quien fuera alumna aventajada de Buiza, congregó en ella todas las miradas y como si de un imán se tratara, los ojos se perdieron junto a ella buscando la Avenida de la Constitución.

Para evitar retrasos innecesarios, el cortejo procesional aligeró el paso hasta llegar a la calle Santa Clara, donde tanto el Cristo de la Humildad y Paciencia, como la Virgen de la Paz tenían una cita ineludible con la residencia de mayores Hermana Josefa María. Allí, como cada año los titulares de la hermandad del Costalero recibieron una ofrenda floral así como poesías hechas por los propios residentes.

La noche cayó por San Sebastián, donde también se hizo el silencio antes de desembocar en la plaza Cristo de las Aguas. Como ya es costumbre, la calle Guaditoca volvió a convertirse en un punto clave que congregó a muchos devotos en una revirá digna de retener en la memoria. El recogimiento acompañó el discurrir de los pasos del Miércoles Santo por Antonio Machado y Andrés Mirón, hasta llegar a la calle Milagros, gran novedad este año y que dejó una nueva estampa que tal vez no vuelva a repetirse en mucho tiempo pero que trajo consigo sendas maravillosas revirás para emprender por Mesones una nueva recogía. Es entonces cuando el tiempo se acelera y el corazón se detiene, o tal vez al revés. Eso sí, al fin en la plaza la brisa de la madrugada vuelve a acompañar a una hermandad que poco a poco sigue creciendo en número de hermanos y de devotos, en patrimonio tanto material como abstracto y en ganas de esperar un nuevo y espléndido Miércoles Santo.

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