No cabía un alfiler aguardando la salida. La soleada tarde del Jueves Santo caía sobre Morón de la Frontera mientras los nervios se apoderaban de los moronenses esperando a las puertas de la iglesia de San Ignacio de Loyola, también conocida como la Compañía. Después de cuatro días intensos, aún había ganas de disfrutar de las fechas grandes de Pasión y los vecinos llenaban las calles esperando ver procesionar a la hermandad de la Santa Cruz.

Pasando las seis y media se abrían de par en par las puertas de la iglesia y tímidamente salía la cruz de guía que marcaba el paso de la estación de penitencia. Aunque daba lluvia para la madrugada, el brillante sol de la tarde hacía anticipar que se viviría un día perfecto en esta tarde de Jueves Santo.

Con una leve brisa, que aliviaba el calor de días pasados, la tarde primaveral se abarrotaba de vecinos que acompañaban el discurrir del paso del Señor Crucificado, obra de Antonio Illanes. Tras las primeras órdenes del capataz ya estaba en la calle el Santísimo Cristo de la Expiración, quien pocos minutos después llegaba hasta el colegio La Inmaculada, donde este año, debido a las obras en la iglesia de San Miguel, se realizó la estación de penitencia.

Mientras un reguero de nazarenos guiaba la llegada de la Virgen de la Esperanza. Se vivía expectación por ver uno de los principales estrenos de la Semana Santa en Morón de la Frontera: el techo del palio de la Virgen, que era recibida ante piropos: «Mira, qué bonita viene». Hace casi un año comenzaba la ejecución del nuevo techo de palio. Tras varios estudios se comprobaba que, debido a la antigüedad de las piezas, no podía ser restaurado el techo anterior por lo que sólo ha sido aprovechada la gloria que ha sido restaurada y colocada en el nuevo, gracias a las finas manos de taller del moronense Manuel Solano. Con el techo se completan los trabajos de restauración y conservación del palio de la Virgen iniciado en 2014.

Su elegante forma de andar, con 30 costaleros bajo las trabajaderas, emocionó en una salida perfecta desde la iglesia. Ante ella, como manda la tradición, mujeres de mantilla acompañaban de luto a esta Madre en un Jueves Santo de dolor.

Tras una revirá perfecta en la calle Ánimas, los pasos se encararon a la calle San Miguel en el día más esperado, con una estampa para enmarcar en su bajada por Las Morenas. Enfilando la medianoche volvía la hermandad a su casa en una noche de silencio, aguardando los días para volver a procesionar.

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