«Esto sube sólo, mi arma, no hay que deciros ná». Antonio Gálvez tiene tan sólo 20 años, pero ayer este capataz llevaba con maestría la dirección del paso de Nuestra Señora de la Paz por las calles de Estepa, en una procesión conocida como la del Niño Perdido. El impresionante palio que él dirige sale a las calles estepeñas junto a la imagen del Dulce Nombre de Jesús, para vivir, ante los ojos de miles de personas, el rito que recoge como el pequeño Jesús se extravía de la madre en el templo y se va a hablar con los sacerdotes.

Recogidos por Lucas (2:41-52) y Mateo (13:53-56), la Semana Santa de Estepa ha sabido recrear aquel momento en el que las Sagradas Escrituras cuentan lo que supone el primer encuentro de Jesús todavía niño con su propia fe, y de eso se encarga cada Miércoles Santo en este pueblo sevillano la Antigua Hermandad y Cofradía Sacramental de El Dulce Nombre de Jesús, Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora de La Paz.

Una hermandad que tiene a los estepeños con el corazón encogido ya desde la salida, cuando tiene que afrontar la estrechísima calle de San Marcos. Vista desde fuera parece imposible que un paso pueda recorrer la calle. Pero ambos pasos lo hacen con éxito, aunque las flores que los adornan llegan a meterse, literalmente, en las ventanas de la calle.

Encima, la vía es una pendiente, lo que exige un poco más del trabajo de los hermanos costalero: «Izquierda alante un poquito, no llegar tanto a los costeros, señores», habla el capataz a su gente, y los pasos salen a la calle más ancha de forma definitiva.

El movimiento en la calle San Marcos sólo es visto por los miembros de la hermandad que están más cerca del paso. No hay sitio para la gente, que espera a que salga de la angostura. El paso casi roza algo la pared desconchada de un lateral, pero la procesión arranca con éxito, y así sigue durante toda la tarde noche, con las calles de Estepa llenas de gente viendo el paso de esta hermandad, fundada a mediados del pasado siglo.

Antes de eso, la Virgen fue recibida por centenares de palomas lanzadas al cielo del pueblo. La unión de la paloma con el nombre de la Madre de Dios se hacen evidentes en ese momento emocionante.

Un Niño de 12 años

La Biblia hace alusión a que el pequeño Jesús tenía 12 años cuando se encontró con los maestros religiosos en el templo, y esa la apariencia que la escuela granadina le quiso dar al niño de Estepa, hecho en madera policromada. Su Madre es una imagen de candelero de la escuela sevillana.

Se trata de una procesión que ha evolucionando con el paso de los años, ya que, antiguamente, la salida del Niño Perdido se hacía desde la iglesia de Santa María e iba recorriendo las calles. Cuando el Miércoles Santo llegaba a las primeras horas de la tarde era llevado a una iglesia, y entonces era cuando la Virgen de la Paz salía desde la iglesia de los Remedios, buscando al niño en el templo en que se encontrase.

Hoy día, y ayer fue una nueva muestra de ello, ambos pasos salen juntos a la calle. Es uno de los acontecimientos de la Semana Santa de Estepa, y toda una atracción para los vecinos de los pueblos de la comarca circundante.

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