En 1978 llegaba a la hermandad de la Resurrección la Virgen de la Aurora. La dolorosa sin lágrimas de Sevilla. La talla, obra de Antonio Dubé de Luque, llegaba para completar el significado de la corporación. Pero, antes de que llegara la de Dubé, otra imagen era la devoción de los hermanos de la Resurrección: La actualmente llamada Virgen del Amor, antigua Virgen de la Aurora, una obra bendecida en 1970, de Jesús Santos Calero, hijo del conocido imaginero Sebastián Santos.

Manuel Rodríguez Hidalgo estuvo presente en la fundación de la corporación y tuvo mucho que ver con la adquisición de la nueva dolorosa. Ex hermano mayor de San Benito y exmiembro del Consejo de Hermandades de Sevilla, ha vivido desde dentro la historia de una hermandad que ha crecido a una gran velocidad, y que nacía en el colegio de la Salle de la Calle San Luis. La Virgen del Amor tuvo mucho que ver con el germen de todo.

Cuenta Rodríguez Hidalgo que «cuando la Virgen de Jesús Santos llegó al colegio, nos removió nuestro sentir sevillano y cofrade. Automáticamente pensamos en organizar una hermandad. Ella fue la creadora de la corporación». El centro escolar era de enseñanza primaria, «cuando los alumnos llegaban a los doce o trece años, pasaban a los salesianos o al instituto. La manera de seguir unidos era una hermandad con lenguaje sevillano. Y así fue. Todos regresábamos porque teníamos una raíz. Y eso lo logró la Virgen del Amor», afirma Rodríguez Hidalgo.

Llegó el Señor Resucitado, y más tarde la corporación quiso dar un cambio a su imagen mariana. Necesitaban una Virgen que no llorara, aliviar el dolor. «Cuando llega la Virgen de la Aurora de Antonio Dubé, había mucha expectación, fue un muy emotivo por diversas razones. Principalmente porque cumplía un objetivo: Quitarle las lágrimas a la Virgen. Era incomprensible tener una imagen de Cristo Resucitado y una dolorosa».

La llegada de la actual Virgen de la Aurora al colegio de San Luis, supuso un antes y un después para los hermanos y devotos. «El primer momento de encuentro entre el Señor Resucitado y la Virgen de la Aurora fue especial. Pero aún estaba la otra. Había lágrimas en los ojos de gente que estaba mirando a la otra imagen porque era la Virgen de su devoción», cuenta.

Los hermanos de la Resurrección no podían olvidar la misión que había cumplido la antigua dolorosa. «Fue la imagen que nos aglutinó, y eso aún no se ha valorado». Se presentaba entonces un dilema. «¿Qué hacíamos con dos imágenes con el mismo nombre. Nos merecía muchísimo respeto la devoción que la otra imagen había adquirido. Entonces se hizo lo que había que hacer. La Virgen dolorosa se llevó a un sitio donde iba a ser muy dignamente aceptada, a las hermanas del convento del Espíritu Santo, que sabían que lo que les llegaba no era algo nuevo, traía devotos que seguían yendo a ponerse delante de la Virgen para compartir lágrimas», asegura, «fue emocionante».

Con el 25º aniversario de su fundación, en 1994, la hermandad, ya en Santa Marina, quiso recuperar a la Virgen del Amor. A día de hoy se encuentra en el templo, y aún quedan algunos devotos que recuerdan los inicios alrededor de la imagen de Jesús Santos. Como afirma Manuel Rodríguez Hidalgo, «el culmen del cristianismo es la Resurrección, es la vida y es el amor. Por eso a la otra imagen se le dio el nombre que nos distingue a los cristianos: El Amor».

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