Hace ahora un cuarto de siglo, la hermandad de la Virgen de los Dolores de La Roda de Andalucía decidió apostar por el talento local para sustituir la imagen de su Cristo Yacente, procedente de Olot, en Girona, por una talla salida de las manos de un vecino y hermano de la corporación. El primer encargo oficial del joven rodense Antonio Castillo Jarén, por entonces recién licenciado en Bellas Artes, fue dar forma a la que sería la imagen titular definitiva, y aquel día aún resuena en la mente del escultor: «En este cristo, mi primer cristo, intenté plasmar lo mejor de mi arte escultórico, crear lo más bello y sublime para mi hermandad y mi pueblo», explica Castillo Jarén visiblemente emocionado.

El Cristo Yacente fue bendecido el 2 de abril de 1993, en la función principal de instituto presidida por el entonces párroco Antonio María Riesgos. Una efeméride que se está conmemorando con múltiples actos y cultos, entre los que se encuentra el septenario presidido, hasta este Viernes de Dolores, tanto por el cristo como por la virgen. De la misma forma, la talla de Castillo Jarén será expuesta en solemne besapié el próximo Martes Santo en la iglesia de Santa Ana.

Precisamente ese día tendrá lugar el culto que más expectación ha creado entre los vecinos de La Roda de Andalucía aprovechando que cada año, en esta jornada, se realiza el traslado de la imagen a su paso para procesionar el Sábado Santo, acompañada por la Virgen de los Dolores. Así, a partir de las 22.00 horas, la hermandad celebrará un viacrucis, recorriendo un camino de oración por varias calles de la localidad. En concreto, la imagen saldrá en andas por las calles Granada, Horno, Real y Cervantes junto a la música de capilla del grupo Nuestra Señora de la Victoria de Estepa. «Entre el recogimiento, se revivirá desde el momento en el que Jesús fue aprehendido hasta su crucifixión», explican desde la corporación.

Será sin duda una jornada que quedará en los anales de la historia de la hermandad rodense, donde el nombre de Castillo Jarén es mucho más que el del autor del Cristo Yacente. Y es que su grado de «implicación emocional es altísimo, pone toda su alma en lo que crea, ya que el resultado de su trabajo no es un mero objeto artístico, sino que tiene un destino más elevado al tratarse de una imagen de culto», comenta el propio artista.

No en vano, su Cristo Yacente fue el primero en salir de sus manos, «y eso inevitablemente deja una marca imborrable. Cuando lo miro veo mucho más que su imagen, de su anatomía, de su policromía, de su silueta ligeramente castellana. Él me devuelve recuerdos, sentimientos, emociones, y me arrastra a un tiempo en el que todo parecía más puro y sencillo», reconoce Castillo Jarén en un artículo publicado para el boletín de la hermandad, que ha dedicado unas páginas especiales a cómo se hizo la talla.

Por eso, y teniendo en cuenta que es consciente de que esta hermandad es «eminentemente mariana», para el escultor resulta especialmente satisfactorio –tanto a nivel profesional como personal– que su cristo sea el protagonista de estos cultos extraordinarios que vivirán su punto álgido el próximo Martes Santo.

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