En la Puerta de los Palos hay más prensa de lo habitual. Las primeras boinas amarillas asoman por la plaza Virgen de los Reyes antes de que llegue la cruz de guía de los nazarenos trinitarios que, al mediodía, había inaugurado el Lunes Santo en el Polígono de San Pablo. «¿Quién dice que viene? ¿El Ejército?», se preguntan los primeros abonados de las sillas que abrazan la fuente a los pies de la Giralda.

La expectación crece a medida que los tramos del paso de Cristo van derramándose por el interior de la seo hispalense. Fuera, va formándose la banda de música de Lebrija, que se incorpora en este punto tras el paso de la Virgen como relevo de la banda de María Santísima de la Victoria. En el otro extremo de la plaza hace lo propio la banda de San Juan Evangelista que coge el testigo musical a la formación adulta de Triana tras el primer paso. El Cautivo de los ojos verdes completa su discurrir por la Catedral. En la calle Alemanes le aguarda de nuevo la gente de su barrio. «¡Menos mal que ya estás aquí. No podemos estar ni un minuto sin Él!», asegura María mientras recuerda que este año es «muy especial» en la hermandad. «Llevamos varios años soñando con este momento. Hemos hecho un esfuerzo muy grande pero todo nos parece poco para nuestros titulares».

María se refiere al estreno –el gran estreno de la Semana Santa de 2018– del nuevo palio de la Virgen del Rosario Doloroso. «¿Has visto lo bonito que es? Qué orgullo más grande para San Pablo», dice emocionada mientras se une al cortejo, no sin antes buscar a sus niños y a su marido «para ver cómo llevan la estación de penitencia». Faltan aún unos minutos para las 18.30 horas pero se oyen los primeros aplausos en las inmediaciones de la Catedral. Viene el cuerpo de la Unidad Militar de Emergencias (UME). El cornetín avisa de la llegada de los mandos superiores en la delantera del paso de la dolorosa. Todas las miradas se fijan en la Puerta de los Palos. Allí asoma el nuevo joyel de estilo rocalla que da cobijo a la Madre del Cautivo de San Pablo. Un palio de luz y letanías del Rosario que ha bordado el taller de Charo Bernardino siguiendo el diseño de Francisco Javier Sánchez de los Reyes.

Tras la Marcha Real, la banda de Lebrija toca los primeros compases del himno de la UME, hermanada con la cofradía de San Pablo. «Unidad Militar de Emergencias, al servicio del pueblo español…» cantan los hombres de boinas amarillas y rostros hieráticos. Unos minutos de «pellizco» para los hermanos de San Pablo, que concluyen con un «¡Viva la Virgen del Rosario!». El hermano mayor no puede ocultar la sonrisa bajo el antifaz. Se puede ver en sus ojos. Está conteniendo las lágrimas. «Uff… los pelos de punta. Ha sido histórico. Solo nos ha faltado el indulto del reo, que ha quedado en la mesa del Consejo de Ministro», comenta José Luis Pérez mientras recuerda todo el trabajo que ha habido detrás. «Llevamos un año. Hace quince días fuimos a Lebrija para hacer un ensayo general en un salón de celebraciones. Nos daba un poco de miedo hacerlo pero al final ha quedado muy bien».

En la delantera del palio hay que repartir baberos entre los hermanos de traje de chaqueta. «¡Qué momento! Las mujeres de los militares que iban detrás del manto se han emocionado. Dicen que se van a hacer hermanas». La subida de la Cuesta del Bacalao se convierte en un paseo triunfal para la Reina del Santo Rosario. A los sones de Mi Amargura entra en Francos mientras que la felicidad impregna a esta joven hermandad que ve cumplido un doble sueño. Eso sí, el tiempo dirá si lo de la UME termina convirtiéndose en una tradición de la tarde del Lunes Santo. El único incidente del día ocurre a la vuelta. La rotura del bastidor del palio en la calle Venecia afecta a la bambalina delantera.

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