La hermandad de la Soledad de San Lorenzo han comenzado esta semana con los trabajos de rehabilitación de la capilla sacramental del templo parroquial. El proyecto, anunciado en el cabildo general de hermanos antes del verano, se centrará principalmente en la restauración de las valiosas pinturas murales que Francisco Pérez de Pineda se encargó de iniciarlas y que fueron finalizadas diez años después por Domingo Martínez y Gregorio Espinal.

La sacramental, una de las cuatro capillas que tiene en uso la corporación, tiene su decoración mural «muy deteriorada» a consecuencia de los problemas de filtraciones de agua que históricamente ha sufrido esta estancia, según ha explicado a El Correo de Andalucía su hermano mayor, Ignacio Vaduérteles.

Hace un tiempo, la hermandad realizó «una primera intervención» para eliminar las humedades de las paredes y acabar con las filtraciones. Ahora los trabajos tratarán de recuperar el esplendor de unas pinturas murales únicas que se extienden por la bóveda y las paredes. El equipo de Carmen Oliver Onil asume esta tarea, que cuenta con un plazo aproximado de ocho meses de duración. Mientras tanto la capilla sacramental permanecerá cerrada y el Sagrario con el Santísimo Sacramento estará ubicado en el altar mayor del templo parroquial.

La Sacramental de San Lorenzo quiso aumentar a finales del siglo XVIII el espacio de culto al Santísimo. Encontró entonces la posibilidad de conectar dos capillas existentes en el flanco sureste de la iglesia, hecho que se lograría no sin grandes dificultades. Según consta en la historia de este templo, la pretensión era unir la capilla de Santa Ana, cuyo patronato había dejado Pedro de Torres Urrutia al hospital de la Misericordia, con la colindante que había sido ofrecida a la cofradía por el caballero veinticuatro Juan de Esquivel Medina y Barba.

En 1733 Benito Hita del Castillo hizo las primeras imágenes: dos ángeles lampareros. El retablo es obra de Pedro Ruiz Paniagua (1703). En el centro del camarín está una imagen de la Inmaculada Concepción, de mitad del siglo XVIII, junto a las imágenes de San José con el Niño y Santa Ana con la Virgen Niña. En la zona superior del retablo se dispone una imagen del Niño Jesús con su Sagrado Corazón sobre el pecho, rematado por la Santísima Trinidad.

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