Sin lugar a dudas la indumentaria religiosa forma parte, en mayor o menor medida, del universo cofrade. En esta procelosa guía ya nos hemos detenido en accesorios como la dalmática y el capelo. Hoy lo haremos en otro, el amito. Se trata de una prenda destinada a cubrir el cuello y la espalda del sacerdote, diácono o acólito durante las celebraciones religiosas. Se coloca bajo el alba y habituaba a presentar una cruz en su parte central que se ha ido perdiendo. A partir de las reformas que se implementaron tras el concilio Vaticano II el amito cayó en desuso debido a que se trataba de una prenda que, tradicionalmente, era signo de superioridad jerárquica. Sin embargo, en los últimos años ha comenzado a verse de nuevo.

En las ceremonias de ordenación los aspirantes reciben el amito de manos del obispo quienes lo imponen con la siguiente fórmula, «recibe el amito que indica la disciplina de la voz». Con ello se quiere hacer referencia velada a que el amito, en realidad, no es más que una suerte de bufanda que protege la garganta. Ni siquiera la Iglesia Católica tiene una argumentación clara para explicar el sentido del amito pero, en todo caso, su propósito siempre pareció ser utilitario, ya fuera por razones de decoro para cubrir el cuello, para proteger el hábito religioso del sudor de la garganta en los climas mediterráneos y meridionales o, por el contrario, y como ya hemos indicado, simplemente a modo de bufanda para cuidar la voz.

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